Por Manuel Férez
Publicado originalmente en https://periodico.unal.edu.co/articulos/trasel-colapso-del-eje-irani-rojhilat-queda-en-el-centro-del-nuevo-mapa-de-mediooriente?
La fractura del llamado “eje de la resistencia” y el debilitamiento sin precedentes del régimen iraní han abierto un escenario inesperado en el Kurdistán oriental. Rojhilat es una zona montañosa estratégica tanto para la seguridad interna de Teherán como para el equilibrio regional entre Irak, Turquía y Siria, que por primera vez en décadas deja de ser periferia reprimida para convertirse en actor potencial de la reconfiguración geopolítica de Medio Oriente, en medio de un vacío de poder que redefine alianzas, fronteras e intereses estratégicos.
4 de marzo de 2026

El pasado lunes 2 de marzo, mientras el profesor Fabrice Balanche, director de Investigación de la Universidad de Lyon 2, publicaba su análisis cartográfico “La remodelación de Oriente Medio desde Gaza hasta Irán” en la destacada revista francesa Conflits Revue de Geopolitique, una alianza inédita de partidos kurdos iraníes emitía su primera declaración conjunta. Dos acontecimientos simultáneos que marcan un punto de inflexión: mientras el “eje de la resistencia” iraní se desmorona, parte del Kurdistán —Rojhilat, Başûr y Rojava— transita de frente secundario a actor con voz propia en la reconfiguración geopolítica del Medio Oriente.
Los kurdos, una nación con entre 30 y 40 millones de personas sin un Estado propio, habitan una región dividida artificialmente tras la Primera Guerra Mundial en cuatro partes: Rojhilat (Kurdistán Oriental, en Irán, con aproximadamente 8-8,5 millones de kurdos), Başûr (Kurdistán del Sur, en Irak, con 5,5-6 millones), Rojava (Kurdistán Occidental, en Siria, con 2-2,5 millones) y Bakur (Kurdistán del Norte, en Turquía, con cerca de 15 millones de habitantes).
En particular, los kurdos de Rojhilat han forjado su identidad a lo largo de décadas de resistencia frente a políticas de asimilación forzada y represión estatal, como analizan en profundidad dos obras clásicas dedicadas específicamente a ellos: Kurds and the State in Iran: The Making of Kurdish Identity, de Abbas Vali, y The Kurds in Iran: The Past, Present and Future, de Kerim Yildiz y Tanyel B. Taysi. La primera examina cómo el Estado iraní moldeó —y buscó contener— la identidad política kurda a través de mecanismos de centralización y exclusión; la segunda ofrece una panorámica histórica y jurídica sobre las demandas de autonomía, los ciclos de represión y las posibilidades de futuro político para Rojhilat.
Uno de los hitos más emblemáticos de esta lucha fue la efímera República de Mahabad. Proclamada el 22 de enero de 1946 en el noroeste de Irán bajo el liderazgo de Qazi Muhammad y el Partido Democrático del Kurdistán Iraní (KDPI), con apoyo inicial soviético durante la crisis de posguerra, representó el primer intento moderno de crear un Estado kurdo independiente. La República duró apenas once meses: tras la retirada de las tropas soviéticas, el ejército iraní entró en Mahabad el 15 de diciembre de 1946 y la disolvió. Qazi Muhammad fue ejecutado por “traición” en marzo de 1947.
Aunque su existencia fue breve y estuvo condicionada por el aislamiento internacional (Estados Unidos y Reino Unido se mantuvieron al margen mientras el ejército iraní aplastaba la naciente república), Mahabad se ha convertido en un potente símbolo de las aspiraciones nacionales kurdas y explica el profundo capital simbólico que el Partido Democrático Kurdo de Irán (KDPI) conserva hasta hoy en Rojhilat.
El profesor Balanche, reconocido cartógrafo del Medio Oriente, equipara el ataque terrorista de Hamás del 7 de octubre de 2023 con el del 11 de septiembre de 2001. Según su tesis, Israel, con respaldo estadounidense, ha iniciado una vasta operación de limpieza que no se limita a Gaza, sino que busca desmantelar sistemáticamente todo el entramado del llamado “eje de la resistencia” iraní (Hamás, Hezbolá, houthis, milicias en Siria e Irak, y finalmente el propio régimen teocrático iraní).
En su primera declaración conjunta, la Alianza también expresó su disposición a participar en un eventual proceso de transición política en Irán, señalando que el momento actual podría desembocar en un cambio de régimen y que el Kurdistán iraní debe estar preparado para asumir responsabilidades administrativas y de seguridad.
Su artículo, presentado como “analyse complète en cartes” —es decir un análisis integral sustentado en cartografía estratégica—, ilustra con precisión cómo se contraen las zonas de influencia iraní, cómo se fracturan los corredores Teherán-Beirut-Damasco y cómo emerge un nuevo mapa de seguridad regional.
Lejos de tratarse de reacciones coyunturales, el experto sostiene que se trata de un rediseño deliberado del equilibrio regional, en el cual la destrucción progresiva de los nodos logísticos iraníes modifica la arquitectura de poder en el Levante y reduce la capacidad de proyección de Teherán más allá de sus fronteras. El mapa muestra el corredor completo de influencia iraní (armas, milicias y logística) desde Irán hasta el Líbano y Gaza, que atravesaba precisamente las regiones kurdas de Irak y Siria.
El mapa complementario del artículo (“L’axe iranien au Levant est brisé”) demuestra cómo este corredor se ha fracturado tras la caída de Bashar al Assad en Siria, el debilitamiento de Hezbolá en Líbano y los ataques directos contra infraestructuras iraníes, dejando expuestas las zonas kurdas de Rojhilat y abriendo un vacío de poder.
Alianza de fuerzas políticas del Kurdistán
El mismo día que se publicó el artículo de Balanche se constituyó la Alianza de Fuerzas Políticas del Kurdistán Iraní poniendo fin a décadas de divisiones internas, ya que dicha Alianza está integrada por el KDPI; el Partido de la Vida Libre del Kurdistán (PJAK); el Partido de la Libertad del Kurdistán (PAK); el Partido Komala del Kurdistán iraní; y la Organización de Lucha del Kurdistán Iraní, Khabat. El documento firmado a través de su Centro de Diálogo afirma: “esta guerra no es la guerra de los pueblos de Irán con Estados Unidos, Israel y la comunidad internacional”.
Según el texto, el régimen iraní ha tomado como rehén a toda la nación y llama a los kurdos de Rojhilat a proteger infraestructuras públicas y evitar venganzas personales, e invita a los soldados iraníes apostados en la zona kurda a separarse del régimen. En su primera declaración conjunta, la Alianza también expresó su disposición a participar en un eventual proceso de transición política en Irán, señalando que el momento actual podría desembocar en un cambio de régimen y que el Kurdistán iraní debe estar preparado para asumir responsabilidades administrativas y de seguridad.
Los hechos sobre el terreno refuerzan esta lectura. Tras el ataque aéreo masivo iniciado por Estados Unidos e Israel contra Irán —en el que fueron bombardeadas instalaciones estratégicas y murieron decenas de autoridades del régimen, entre ellas el ayatolá Alí Jamenei—, los ataques israelíes y estadounidenses destruyeron cuarteles del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en Ilam, Kermanshah, Kurdistán y Azerbaiyán Occidental. Irán respondió atacando Erbil y Sulaymaniyah, en el Kurdistán iraquí, como forma de castigo y para impedir el apoyo logístico desde territorio kurdo iraquí.
Algunos analistas interpretan estos movimientos como una estrategia de distracción iraní destinada a alejar la atención del Estrecho de Ormuz. Sea cual fuere la intención, el resultado es claro: los centros militares del régimen en la zona kurda están en ruinas.
Aunque persisten riesgos importantes –como la fragmentación interna, las injerencias turcas y los posibles intentos de cooptación–, la prudencia y la madurez demostradas en la declaración conjunta del 2 de marzo sugieren que la actual generación kurda ha interiorizado las lecciones de décadas de divisiones y fracasos previos.
Como nunca antes, la erradicación de los cuarteles del CGRI en Rojhilat facilita la repatriación segura de miles de peshmerga o combatientes kurdos y guerrilleros exiliados; permite asegurar sus ciudades y pueblos sin la amenaza inmediata de las fuerzas represivas, y abre la posibilidad de una administración local kurda en el vacío de poder generado. Este escenario, impensable hasta hace pocos meses, reconfigura el equilibrio interno en las provincias kurdas y transforma a Rojhilat de territorio militarizado en espacio de experimentación política.
¿Quiénes son estos partidos políticos kurdos?
Más allá del anuncio de unidad, la capacidad real de la Alianza depende del peso desigual de sus integrantes. El PJAK es el actor armado más activo. Entre 2014 y 2025 concentró aproximadamente el 70% de los ataques kurdos y el 80% de las bajas del CGRI, incluso respetando un alto el fuego formal. Con cerca de 3.000 combatientes, bases en Qandil-Asos-Penjwen y experiencia articulada con el PKK, tiene presencia dominante en Kermanshah, Ilam y el cinturón kurmanji de Urmía.
El KDPI, heredero directo de la República de Mahabad, conserva un enorme capital simbólico en Rojhilat. Sin embargo, su capacidad militar se ha reducido tras décadas de asesinatos selectivos y persecución. Su bastión político sigue siendo el cinturón de Mukriyan (Mahabad, Bukan, Sardasht).
PAK, Komala y Khabat aportan estructura política, cuadros locales y legitimidad territorial, completando así una arquitectura organizativa que, por primera vez en décadas, actúa bajo un mismo paraguas estratégico.
Traiciones pasadas y esperanzas actuales
La historia contemporánea kurda está marcada por sucesivos abandonos estratégicos por parte de las potencias occidentales. Desde la frustración temprana del Tratado de Sèvres (1920), que contemplaba un posible Estado kurdo y fue reemplazado por el Tratado de Lausana (1923) que borró esa opción del mapa diplomático, hasta los episodios más recientes, el patrón ha sido recurrente.
Al colapso de la República de Mahabad en 1946 se suman el cese abrupto de la ayuda estadounidense a los kurdos iraquíes tras el Acuerdo de Argel de 1975; la falta de protección efectiva tras el levantamiento de 1991; la oposición internacional al referéndum de independencia kurda en Irak de 2017 y la posterior toma iraquí de Kirkuk; la retirada de tropas estadounidenses en 2019 que facilitó la operación turca “Primavera de Paz”; y la reciente reducción de presencia estadounidense en Rojava en 2026, que incrementó la presión sobre las Fuerzas Democráticas Sirias en su relación con la administración central en Damasco.
Más allá de este historial de rupturas de compromisos internacionales, la unidad política alcanzada el 2 de marzo de 2026 es histórica porque supera la fragmentación lingüística, sectaria y geográfica que tradicionalmente ha debilitado al movimiento kurdo iraní. En Başûr, al otro lado de la frontera iraquí, la presión estadounidense logró la unificación formal de peshmergas de KDP y PUK, aunque en la práctica sigue siendo nominal. La reciente llamada entre Mazloum Abdi, comandante en jefe de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), y Masrour Barzani, primer ministro de la Región del Kurdistán iraquí, indica que los kurdos de las cuatro partes comienzan a coordinarse ante la reconfiguración regional.
Los acontecimientos del presente año podrían representar el punto de inflexión que los kurdos iraníes han aguardado desde la Revolución de 1979. El proceso de reconfiguración descrito por el experto francés Balanche no solo erosiona el poder del régimen iraní, sino que además abre una ventana histórica para que Rojhilat transite de provincia periférica a región con autonomía significativa dentro de un eventual Irán posteocrático.
Aunque persisten riesgos importantes como la fragmentación interna, las injerencias turcas y los posibles intentos de cooptación, la prudencia y madurez demostradas en la declaración conjunta del 2 de marzo sugieren que la actual generación kurda ha interiorizado las lecciones de décadas de divisiones y fracasos previos.
El viejo orden regional agoniza. El nuevo que emerge puede —y debe— incluir un Kurdistán con autonomía cultural y política amplia, derechos reconocidos y respetados dentro de estructuras federales en Estados viables. Después de décadas de represión y de los efectos profundos de la “guerra de los doce días”, el anhelo kurdo de vivir en paz en su tierra ya no parece utópico, sino un desenlace cada vez más plausible en el convulso Medio Oriente.
*El profesor Férez es el compilador del libro «Esto son los Kurdos. Analisis de una Nacion», el cual reúne varios artículos enfocados en la historia, cultura e identidad kurda. Amplíe la información aquí: https://revistafal.com/estos-son-los-kurdos-analisis-de-una-nacion/

