Cómo ISIS vuelve a expandirse en Siria

por | Sep 13, 2026 | Lenguaje, Portada | 0 Comentarios

Por Lamar Erkendi. Periodista e investigadora siria radicada en Qamishli, en el noreste de Siria, que desde 2016 cubre los movimientos yihadistas —ISIS, las organizaciones afiliadas a Al Qaeda, Al Nusra/HTS y las facciones respaldadas por Turquía—. Ha publicado aproximadamente 600 reportajes de investigación y más de 1.000 artículos periodísticos, principalmente en árabe. Fue corresponsal de Al-Monitor para Siria entre 2019 y 2020.

Publicado originalmente por The Amargi https://www.theamargi.com/posts/how-isis-is-expanding-in-syria-again

El 8 de agosto, ISIS mató a un oficial del ejército e hirió a otros dos soldados en una emboscada cerca de Jadid Bakkara, al este de Deir ez-Zor. Esa misma semana, las operaciones de ISIS en Damasco y Quneitra mostraron que la presencia del grupo se está extendiendo más allá de su tradicional bastión en el desierto sirio. Expertos en movimientos yihadistas y seguridad siria hablaron con The Amargi para explicar cómo ISIS está aprovechando las nuevas realidades y los vacíos de poder existentes en el país.

La actividad de ISIS en Siria ya no se limita a su antiguo patrón de emboscadas y asesinatos en la Badiya —la extensa estepa semiárida que se extiende hacia la frontera iraquí y que durante mucho tiempo ha servido como corazón del grupo, gracias a la cobertura que ofrece frente a la detección—. Sus operaciones están apareciendo ahora en provincias dispersas y alejadas entre sí.

Según la documentación del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (SOHR), un organismo de monitoreo con sede en el Reino Unido, ISIS llevó a cabo 68 ataques en ocho provincias sirias desde comienzos de 2026. Esta dispersión indica nuevas actividades del grupo, que busca aprovechar las brechas de seguridad y los focos de conflicto para abrir nuevos frentes que, por ahora, no tiene capacidad para controlar territorialmente. Además, cabe preguntarse qué revela este patrón sobre la forma en que ISIS se desplaza, recluta y financia dentro de Siria.

Gran parte de la actividad registrada sigue teniendo lugar en Deir ez-Zor, la extensa y escasamente poblada provincia situada a lo largo del Éufrates y de la frontera iraquí, donde ISIS mantiene presencia desde mucho antes de la caída del “califato” en 2019. Pero durante las mismas semanas también se produjeron incidentes muy alejados de ese territorio habitual.

En la zona rural de Damasco, las Fuerzas de Seguridad Interna frustraron un intento de dos operativos de ISIS de colocar un artefacto explosivo cerca del santuario de Sayyida Zeinab, al sur de Damasco; ambos murieron en el enfrentamiento posterior. En Quneitra, en el límite del Golán ocupado por Israel, medios de comunicación informaron que el Ministerio del Interior había detenido al líder de una célula conocido como al-Sini (“el Chino”), quien, según el reporte, había operado anteriormente en Damasco, su zona rural, la Badiya y las aldeas de la llanura del Haurán, más al sur. Su trayectoria personal abarca, de hecho, gran parte del territorio que las células de ISIS están cubriendo actualmente.

Hossam al-Haddad, investigador egipcio especializado en movimientos yihadistas e islam político, que escribe para Islamist Movements Portal, interpreta esta situación menos como una expansión que como una estrategia.

“Esto no es un crecimiento estructural ni una recuperación del control territorial”, dijo a The Amargi. “Refleja una estrategia de confusión y dispersión que el grupo adoptó una vez que pasó plenamente a un modelo de insurgencia. Los ataques en Deir ez-Zor se apoyan en la antigua profundidad geográfica del grupo en la Badiya, mientras que las operaciones en Damasco y Quneitra son incursiones localizadas llevadas a cabo por células durmientes o por grupos recién incorporados que intentan demostrar su capacidad.”

En lugar de controlar territorio, estas células llevan a cabo “ataques rápidos —asesinatos, colocación de artefactos— que permiten al grupo parecer presente en todas partes sin exponer nunca una base fija y real”, afirma.

Al-Haddad sostiene que el resultado no es la reconstrucción de un califato, sino una amenaza más sutil: células demasiado pequeñas y dispersas para controlar territorio, pero suficientemente numerosas e impredecibles como para mantener al Estado en una situación permanente de desgaste y agotamiento en materia de seguridad.

Esta expansión hacia Damasco y el sur es importante porque supone un cambio deliberado de objetivos, no solamente de geografía. Al-Haddad la califica de “cambio táctico notable”, que desplaza la lucha desde la Badiya y Deir ez-Zor, que considera “zonas tradicionales de desgaste”, hacia las “áreas vitales” que rodean los centros del poder estatal. El objetivo no es realmente una expansión táctica; el grupo busca provocar ondas de choque en materia de seguridad y en los medios de comunicación, atacando la imagen de estabilidad que el nuevo gobierno sirio y sus aliados intentan construir después de la caída de Assad. Según al-Haddad, el impacto de estas acciones supera su valor militar directo.

Desde la caída del gobierno de Assad en diciembre de 2024, la autoridad en el sur y alrededor de Damasco se ha dividido entre el Gobierno de Transición sirio, una variedad de facciones armadas locales y potencias externas con intereses propios en la región: precisamente el tipo de vacío que ISIS históricamente ha sido rápido en aprovechar.

El terreno es un factor central en la elección de estos lugares, afirma al-Haddad. El sur y las zonas rurales de Damasco “atraviesan un estado de caos de seguridad, acuerdos de reconciliación locales fallidos y múltiples fuerzas que compiten sobre el terreno”, con gobiernos, facciones locales y patrocinadores extranjeros operando simultáneamente. Para ISIS, esta fragilidad resulta casi ideal: un mosaico de autoridades débiles o divididas en el que el grupo puede establecer “refugios seguros ocultos”, haciendo que un ataque sea más barato de organizar y, al mismo tiempo, tenga un valor político y mediático mucho mayor que otra emboscada en la Badiya, cuyo impacto ya se ha vuelto casi rutinario.

Un informe de julio de la Agencia de la Unión Europea para el Asilo (EUAA) respalda esta imagen. El documento señaló la presencia de células durmientes de ISIS en ciudades como Damasco, junto con redes que se extienden por varias provincias, aprovechando la inestabilidad y el débil control estatal para reorganizarse y lanzar ataques.

La posibilidad de que estas células dispersas se conviertan en algo más organizado depende de tres factores, según Haitham al-Rabadi, analista jordano de seguridad: dinero, cobertura política y el grado de tolerancia de la población local hacia ellas.

“Si el grupo consigue suficiente financiación, encuentra margen de maniobra y obtiene aceptación porque el Estado no ha logrado proporcionar servicios […] estas células podrían convertirse gradualmente en redes capaces de operar en múltiples zonas”, afirma al-Rabadi. Sin embargo, añade, la dispersión geográfica por sí sola no significa que las células ya funcionen como una única red; sí significa que compartirán las condiciones que eventualmente podrían permitirles convertirse en una.

Por ahora, la financiación parece ser local y de bajo costo, más que estar organizada de manera centralizada. En Deir ez-Zor, la periodista Rana al-Ahmadi, nacida en la provincia y dedicada desde hace años a cubrir su situación de seguridad, señala las extorsiones y los cobros impuestos a contrabandistas, contratistas y operadores de transporte como una fuente constante de dinero para las células presentes allí. Se trata de un tipo de financiación que resulta más fácil de mantener para ISIS que de rastrear para el Estado, sugieren al-Ahmadi y al-Rabadi.

Nada de esto significa que ISIS esté reconstruyendo el califato que perdió en 2019. Pero a medida que sus operaciones se extienden a más frentes, el valor de cada ataque individual está cambiando: una pequeña emboscada o un asesinato llevado a cabo en un lugar donde no se esperaba la presencia del grupo puede provocar ahora tanto daño político y psicológico como operaciones mucho mayores en el pasado.

Ese es el problema más urgente para el Gobierno de Transición sirio, que todavía intenta proyectar estabilidad en todo el país, y para la coalición internacional que vigila los remanentes de ISIS en Siria e Irak: no cuánto territorio controlan las células del grupo, sino hasta dónde pueden llegar.