Por Gülbahar Altaş. @g_altash en X @gulbahar_altas en Instagram
Publicado originalmente en EUROPolitika https://www.europolitika.com/a-new-era-in-turkey-kurdish-relations-not-peace-but-controlled-integration Traducido y publicado aquí con permiso expreso de la autora.
A partir de octubre de 2024, la cuestión kurda en Turquía entró en una nueva fase. La característica distintiva de esta fase es que, si bien se enmarca en la retórica de la «paz», no supone un deseo de alcanzar una solución democrática, sino que representa una estrategia de gestión integral que busca debilitar la presencia kurda en los países vecinos, al tiempo que se integra de forma controlada el poder político, militar y social kurdo dentro del país.

La declaración de Bahçeli, presidente del MHP, en la reunión del grupo de la Gran Asamblea Nacional turca del 22 de octubre de 2024, marcó el inicio simbólico de este proceso. Bahçeli afirmó que el proceso comenzaría oficialmente si Abdullah Öcalan, líder encarcelado del PKK, disolviera su organización y exigiera la entrega de las armas. Definió explícitamente esta iniciativa no como una negociación política, sino como un «proyecto ejecutado con mentalidad de Estado». A partir de ese momento, el concepto de una «Turquía sin terrorismo» se convirtió en un elemento central del discurso político, y se señaló que la cuestión kurda no se abordaría como una cuestión de resolución, sino de terminación.
Por su parte, el Partido Democrático de los Pueblos (DEM) evitó deliberadamente dar un nombre oficial al proceso, definiéndolo como una «oportunidad para la paz y la reforma democrática» y haciendo hincapié en que Turquía se encontraba en un momento crucial en la cuestión kurda. Con el tiempo, sin embargo, ha surgido una imagen que muestra que el verdadero objetivo del proceso no es la paz, sino el control del poder militar, político y social acumulado por los kurdos. Aunque el lenguaje se ha suavizado, el número de participantes ha aumentado y el marco de legitimidad internacional se ha fortalecido, la esencia no ha cambiado: no se trata de un proceso de paz, sino de un reajuste de los equilibrios de poder.

Hombre kurdo con una imagen de Öcalan. Creative Commons
La iniciativa de Öcalan: ¿búsqueda de la paz o ruptura del poder?
El politólogo de la Universidad Humboldt Dr. Ahmet Cavuldak afirma: «La iniciativa de Öcalan para la paz es una oportunidad histórica, pero también un gran riesgo».
El politólogo turco-alemán Ahmet Cavuldak interpreta el inicio del proceso de paz por parte del líder del PKK, Abdullah Öcalan, encarcelado, como una estrategia para preservar el poder político y militar que los kurdos han adquirido, especialmente en Rojava.
Según Cavuldak, este proceso no se limita a la búsqueda de la paz, sino que señala un nuevo umbral de concienciación en las esferas militar, económica y política.
«Hablamos de una convergencia de tres dimensiones de poder: militar, económica y política. Öcalan está preocupado por haberlo reconocido», afirma Cavuldak, y añade que anticipa que la República de Turquía no aceptará esta acumulación de poder.
«Öcalan defiende una idea de coexistencia basada en la “ley de la hermandad democrática” que trasciende el antagonismo, precisamente porque ve que actores externos, como Estados Unidos e Israel, podrían utilizar a los kurdos como peones para sus propios intereses».
Cavuldak enfatiza que esta visión no es una simple inversión coyuntural, sino que hunde sus raíces en la profunda historia de ambas sociedades.

Devlet Bahçeli. Creative Commons
El «enfoque suave» de Bahçeli
El Dr. Cavuldak señala que el proceso avanza de forma recíproca y evalúa la postura de Devlet Bahçeli en este contexto:
«En el enfoque de Bahçeli, más que la paz, cobra protagonismo la percepción de que el poder acumulado por los kurdos supone una amenaza para el Estado turco. El objetivo es controlar este poder mediante la retórica de la paz y disiparlo gradualmente».
Cavuldak considera que el constante énfasis de Bahçeli en el «terrorismo» refleja su enfoque reduccionista de la cuestión kurda y afirma que una auténtica voluntad de paz debe impregnar la sociedad. «Si el Estado y quienes lo gobiernan fueran sinceros con respecto a la paz y la democracia, esta voluntad también se reflejaría en la sociedad civil», afirma.
El foco no está en Turquía, sino en Rojava.
Según Cavuldak, no existe una agenda de paz integral para los kurdos en Turquía, sino que el verdadero foco está en Rojava.
En el proceso de resolución anterior, se extendió una ola de paz por toda la sociedad y hubo notables intentos de confrontación y reconciliación en algunos lugares. Hoy en día, no queda rastro de ello. Cuando el Estado turco se dio cuenta de que los kurdos de Rojava se habían convertido en un actor poderoso con el apoyo de Estados Unidos, frenó la locomotora de la historia, por así decirlo.
Cavuldak enfatiza que la conciencia y el poder acumulados han llevado a la dividida sociedad kurda al borde de la creación de un Estado y afirma que esta situación histórica no solo representa una oportunidad para los kurdos, sino que también plantea graves peligros. Al evaluar la declaración de Öcalan como una advertencia de que los kurdos se enfrentan a un gran riesgo tanto en Turquía como en Rojava, Cavuldak advierte de que, de lo contrario, todos sufrirán graves pérdidas y el derecho a la convivencia se verá gravemente socavado.

Una oportunidad histórica conlleva un gran riesgo.
Cavuldak afirma que Öcalan intenta usar su influencia política a favor de los kurdos a pesar de las limitadas condiciones, y lo califica de estrategia de «transición suave»:
«Esta es una gran oportunidad histórica, pero también un gran peligro. Porque, en la historia, la conciencia nacional kurda nunca se había desarrollado tanto a la vez en las cuatro partes».
Cavuldak señala que la posición geopolítica de Turquía, la guerra en Ucrania y el equilibrio de poder dentro de la OTAN han fortalecido la posición de Ankara y argumenta que Europa ha relegado en gran medida la democracia y los derechos humanos a un segundo plano en este proceso: «La prioridad de Europa es la cuestión de los refugiados. Por esta razón, Europa, especialmente Alemania, está profundamente vinculada a la administración de Erdogan». Cavuldak también señala que las duras condiciones impuestas por el autoritarismo de Trump en Estados Unidos y de Putin en Rusia, para quienes la guerra es una extensión normal de la política, están obligando a Europa a adoptar un equilibrio de poder más simple y una política basada en intereses.
Estados Unidos, Israel y los kurdos
Cavuldak se muestra cauteloso al hablar de si Estados Unidos tiene un plan claro en Siria, pero dice que está claro que Israel quiere utilizar la presencia kurda como contrapeso a Irán y Turquía.
En este punto, lanza una importante advertencia a los kurdos:
«Los kurdos deben poder negociar con todas las partes en función de sus propios intereses. La realpolitik lo exige. De hecho, todas las naciones, incluida Turquía, se comportan así. No deben limitar sus opciones desde el principio con retórica idealista ni marcos ideológicos. Deben adoptar una política pragmática dirigida a aumentar su poder en todos los ámbitos».
Cavuldak, que considera positivo el enfoque realista de Mazlum Abdi, enfatiza que las relaciones establecidas con Barzani constituyen una importante ventaja para los kurdos.
Cavuldak afirma que la influencia de Öcalan sobre la base kurda sigue siendo muy fuerte y que, se le acepte o no, es el único interlocutor del PKK, que ha decidido disolverse.
Cavuldak afirma que incluso Bahçeli ha aceptado de hecho el liderazgo de Öcalan, al que se refiere como «la ironía de la historia». Desde la perspectiva del Estado, un Öcalan «moderado» se ve como una reserva política que puede guiar a la población kurda.

Supresión de la sociedad civil
El Dr. Cavuldak también hace hincapié en que la estructura centrada en el líder de la política kurda eclipsa a la sociedad civil: «La influencia de Öcalan limita la expresión política y de la sociedad civil. En la sociedad kurda, la libertad para generar ideas originales y expresar críticas en la esfera pública parece estar asediada por todas partes; pensar y hablar es como caminar sobre un campo minado. Esta situación es extremadamente perjudicial para el desarrollo de la inteligencia colectiva en la sociedad».
Cavuldak señala que la supresión de la crítica en entornos bélicos es un problema universal y pone como ejemplos a Rusia, Ucrania e Israel: «Cuando desaparece el terreno para la crítica sincera y constructiva, la sociedad se asfixia y se desintegra».
Cavuldak afirma que la conciencia kurda emergente en Irak, Irán, Siria y Turquía es la mayor fuente de esperanza para los kurdos en la historia, y expresa su optimismo con las siguientes palabras: «Donde hay conciencia, se acumula el poder. Los kurdos nunca antes habían sentido un destino tan compartido».
Por último, al abordar el tema de la identidad y la conciencia nacional, Cavuldak afirma que la identidad étnica o la conciencia nacional no pueden negarse en el mundo moderno, ya que son uno de los elementos más definitorios de la vida humana. Sin embargo, enfatiza que, para que esto no se convierta en una trampa, debe reconciliarse con los valores universales. Al observar que Öcalan evita conscientemente el discurso del «Estado», concluye sus comentarios de la siguiente manera:
Öcalan sabe que, en cuanto diga «Estado», se convertirá en un blanco; comprende la mentalidad subyacente de la sociedad turca, sus miedos y paranoias. Por esta razón, enfatiza la idea de un destino democrático compartido por todos.
Testimonio de Muhammed Emin Pencweni: tras las bambalinas del proceso
En una entrevista con Rûdaw TV en agosto de 2025, Muhammed Emin Pencweni, un experimentado político kurdo del Gobierno Regional del Kurdistán Iraquí (GRIK), arroja luz sobre los antecedentes del proceso. Según Pencweni, el punto de fricción en el proceso de resolución anterior fue un profundo conflicto sobre el papel de Öcalan. Este punto muerto se superó con la visita de Nechirvan Barzani, por entonces presidente del GRIK, a Ankara.
En el proceso actual, se han establecido canales directos entre Kandil y Ankara, y las negociaciones se coordinan entre el MIT y el Ministerio de Asuntos Exteriores turco. Las medidas de desarme no se presentan como moneda de cambio, sino como una parte natural y simbólica del proceso.
El copresidente del Partido DEM, Tuncer Bakırhan, describe los límites del proceso en el marco de la «política civil». Bakırhan afirma claramente que no exigen autonomía ni federación, y tampoco piden garantías constitucionales. Su objetivo es la «democracia local» y la «ciudadanía igualitaria».
Este discurso agrava la crisis de representación en la esfera pública kurda. El hecho de que el proceso se centre en Ankara y de que las exigencias se reduzcan constantemente impone una línea de integración controlada en lugar de fortalecer la política civil.
Ruptura sociológica: cambio generacional
El factor más crítico que distingue el proceso actual de períodos anteriores es que la sociedad kurda ha experimentado una profunda transformación sociológica. Los kurdos ya no basan su política únicamente en una identidad reprimida; ahora nos encontramos ante una estructura urbanizada, educada, conectada digitalmente, multicéntrica y multicapa.
La nueva generación no se identifica tanto con la visión política basada en el liderazgo carismático forjado en torno a la lucha armada como lo hicieron las generaciones anteriores. Este hecho coincide con el proceso descrito por Max Weber en el que la autoridad carismática evoluciona hacia estructuras racionales y burocráticas: el carisma sigue siendo un punto de referencia, pero está perdiendo gradualmente su fuerza decisiva.

Selahattin Demirtaş. Creative Commons
El factor Demirtaş: legitimidad alternativa
El encarcelamiento de Selahattin Demirtaş es el indicador más contundente de la transformación de la política kurda. Demirtaş es un símbolo de una política basada en el pluralismo, la sociedad civil y la comunicación política, más que en un liderazgo carismático. Para la nueva generación de kurdos, Demirtaş no destaca como un símbolo de la lucha armada, sino como un símbolo de la representación política, la libertad de expresión y las reivindicaciones democráticas.
Su detención no solo supone una violación de los derechos individuales, sino que también indica la preocupación estructural del Estado ante este cambio en la política kurda. Esto se debe a que la línea de Demirtaş crea un espacio político impredecible y difícil de controlar en lo que respecta a las estrategias de integración.
Tras los acontecimientos en Siria, la declaración de Bahçeli: «Nuestra decisión es clara hasta que Öcalan recupere la esperanza y Demirtaş regrese a su hogar», revela claramente cuál es el eje de la línea política preferida y el diseño de la legitimidad.
La erosión del centrismo de Öcalan
Si bien Öcalan sigue siendo un referente histórico y simbólico del movimiento político kurdo, su influencia social ha disminuido con respecto al pasado. Esta disminución no solo se debe a las políticas estatales, sino también a las expectativas políticas de las generaciones más jóvenes.
Los esfuerzos del Estado por devolver a Öcalan al centro del proceso están, paradójicamente, obstaculizando la transformación de la política kurda. La continuidad de un liderazgo carismático se ha convertido en un mecanismo de equilibrio que impide el surgimiento de nuevos actores políticos autónomos.

Mehmet Uçum. Creative Commons
Mehmet Uçum y el lenguaje abierto del Estado
En un artículo publicado en AA, el asesor presidencial Mehmet Uçum expone la postura del Estado sobre la cuestión kurda, sin velos ideológicos. Este enfoque se articula en torno a los ejes de «una nación», «una frontera» e «integración absoluta», y posiciona a los kurdos no como un sujeto político, sino como una comunidad a gobernar.
En el lenguaje de Uçum, la democracia, el pluralismo y la representación política quedan en un segundo plano, mientras que «las fronteras trazadas por el Estado», «la obediencia» y «la integración» son los puntos de referencia fundamentales. Se trata de un lenguaje estatal que impone conformidad y lealtad: los kurdos no son considerados sujetos políticos, sino un elemento social que solo puede ser incluido en el sistema si se comporta correctamente dentro de los límites definidos.
Bahçeli: el cemento institucional del nacionalismo
El discurso de Bahçeli refuerza la legitimidad política del proceso mediante la apelación a los sentimientos nacionalistas. El énfasis en «este es un proyecto de Estado» deja la política electa en un segundo plano y transfiere los procesos de toma de decisiones al pensamiento de seguridad. Oculta la esencia del proceso y reduce el conflicto a una cuestión técnica y administrativa.
El proceso refleja la lógica de un informe clásico de inteligencia y seguridad: análisis de riesgos, reducción de amenazas, actores controlables y aplazamiento de la crisis. La cuestión kurda no se aborda como un ámbito de resolución democrática, sino como un asunto de seguridad que hay que gestionar y controlar.
La fragilidad de la integración controlada
La integración controlada puede garantizar la paz a corto plazo, pero no tiene la capacidad de generar una solución política. Esto se debe a que se basa en la obediencia y la conformidad. Cuando la cuestión kurda se aborda únicamente desde la perspectiva de la seguridad, es posible reprimir las demandas políticas, pero no eliminarlas.
Al incorporar a los kurdos al sistema, el Estado los excluye de la categoría de sujetos políticos y los reduce a una categoría administrativa. Esto conduce al estrechamiento de la esfera pública y a la conversión de la política en administración.

Brecha entre expectativas y realidad
Para la nueva generación de kurdos, la cuestión ya no se limita al reconocimiento de la identidad, sino que incluye demandas de representación política, justicia, libertad de expresión y ciudadanía igualitaria. La integración controlada pierde legitimidad cuando no satisface estas demandas. La creciente brecha entre expectativas y realidad conduce a una ruptura política silenciosa, pero profunda, y la participación se desplaza de los canales formales a los informales.
La experiencia de Rojava ofrece a los kurdos un ejemplo práctico de subjetivación política. Aunque los posibles procesos de normalización con Damasco buscan desmantelar esta estructura, la experiencia histórica y la memoria colectiva no pueden borrarse. El hecho de que Turquía aborde únicamente el proceso desde la perspectiva de la seguridad aumenta el riesgo de hacer una lectura reduccionista de las dinámicas regionales.
Selahattin Demirtaş y la Alternativa Democrática
Demirtaş ha forjado su legitimidad mediante las urnas, la libertad de expresión y la representación política, en lugar de la lucha armada. La línea de Demirtaş representa una amenaza mayor e impredecible para la integración controlada. Su encarcelamiento se centra más en limitar las posibilidades políticas que en la seguridad.
La línea de Öcalan apunta a la negociación con el pasado, mientras que la de Demirtaş apunta a afrontar el futuro. A medida que el Estado se inclina por la primera opción, la transformación democrática de la política kurda y turca, en particular, se pospone sistemáticamente.
No hay paz, solo ajustes de cuentas.
El resultado final de la integración controlada no es una solución, sino una crisis aplazada y acumulada. Aunque a corto plazo parece que el Estado está ganando, el coste de una solución política aumenta cada año.
El proceso en curso no está destinado a lograr la paz, sino que es una estrategia de gestión que busca integrar el poder histórico y social de los kurdos en el sistema de forma controlada. Para alcanzar una paz real, es necesario contar con una ciudadanía igualitaria, una representación política genuina y una esfera pública libre.
La ecuación establecida hoy no resuelve la crisis, simplemente la gestiona en el tiempo. La historia ha demostrado repetidamente que las crisis postergadas no desaparecen, sino que se agudizan.

