Entendiendo a la sociedad israelí desde su producción cinematográfica. Entrevista a Manuel Santiago Cantarero

por | Feb 23, 2026 | Entrevistas, Portada | 0 Comentarios

El famoso cine Ophir que presentaba los grandes éxitos del cine internacional a la audiencia israelí.

Manuel Férez- Muchas gracias por tu tiempo, Manuel. Para iniciar la entrevista me gustaría conocer un poco sobre tu biografía y carrera académica

Manuel Santiago Cantarero- Soy licenciado en Filología Inglesa y poseo un Máster en Estudios Judíos, además de formación especializada en Cultura y Literatura Popular del Mundo Judeoespañol por la Universidad de Alcalá. He complementado esta trayectoria con una formación específica en historia judía de España impartida por la Red de Juderías de España – Caminos de Sefarad, lo que me ha permitido profundizar en el legado sefardí desde una perspectiva histórica, patrimonial y cultural rigurosa.

Mi carrera académica está atravesada por una constante: el estudio del pueblo judío en sus distintas manifestaciones históricas y lingüísticas. Tras vivir varios años en Israel, consolidé un dominio avanzado del hebreo moderno que hoy me permite trabajar con fuentes originales y transmitir no solo contenidos, sino también matices culturales y sociales.

En el Ulpán Hebreo Sefarad imparto talleres de historia del pueblo judío, cultura hebrea y jerga israelí. El cine surge en ese contexto como una prolongación natural de mi trabajo: una herramienta extraordinaria para analizar cómo una sociedad se piensa, se cuestiona y se representa a sí misma.

Shlosha Yamim Veyeled (1967) de Uri Zohar. Basada en un relato corto de Abraham B. Jehoshua, la película sigue a Eli (Oded Kotler) mientras cuida al hijo de una antigua novia durante tres días. Quiere que le pase algo malo, se preocupa por él. ¿Sobrevivirá el niño a los tres días? ¿Y Eli?

MF- Cuéntanos un poco sobre el origen y la motivación para crear el taller de cine israelí

MSC- El taller nace de una necesidad pedagógica y, al mismo tiempo, de una inquietud personal. En mis cursos de historia del pueblo judío advertía que muchos alumnos deseaban comprender mejor la realidad israelí contemporánea, pero desde un ángulo más humano, más narrativo.

El cine ofrece esa posibilidad. A través de las películas no solo observamos hechos históricos, sino emociones, contradicciones, tensiones sociales y dilemas morales. El cine israelí, en particular, ha sido siempre profundamente consciente de su contexto político y cultural.

Crear este taller fue una forma de tender un puente entre historia y experiencia estética. No se trata únicamente de ver cine, sino de comprender cómo cada película dialoga con un momento concreto de la evolución del Estado de Israel.

Waltz With Bashir (2008) de Ari Folman. Un director de cine israelí entrevista a antiguos compañeros de la invasión al Libano en 1982 para reconstruir sus propias memorias del conflicto.

MF- Cuéntanos sobre el temario, qué películas se analizan este año y cuáles han sido los ejes temáticos en la elección de las películas

MSC- El taller propone un recorrido que permite observar cómo Israel ha ido construyendo su propia imagen a través del cine. Comenzamos en los años veinte y treinta, cuando los primeros documentales del período del Mandato Británico registraban la vida en los kibutzim y la construcción material del país. Aquellas producciones, aunque técnicamente rudimentarias, estaban cargadas de intención ideológica: narraban el nacimiento de una identidad colectiva.

Con la creación del Estado en 1948, el cine de los años cincuenta adopta un tono fundacional y épico. Películas como Hill 24 Doesn’t Answer (1955), dirigida por Thorold Dickinson, reflejan la necesidad de cohesión y el relato de sacrificio compartido.

En los años sesenta el discurso se complejiza. La sociedad israelí ya no es homogénea y el cine comienza a mostrar tensiones internas derivadas de la inmigración masiva y las diferencias culturales. En ese contexto, Sallah Shabati, dirigida por Ephraim Kishon, introduce una mirada satírica sobre las desigualdades y las jerarquías culturales dentro del joven Estado.

Tras la Guerra de Yom Kipur, la narrativa se vuelve más introspectiva. El cine comienza a explorar la fragilidad del individuo frente a los grandes relatos colectivos. En décadas posteriores, obras como Waltz with Bashir de Ari Folman profundizan en la memoria y el trauma, mientras que Fill the Void de Rama Burshtein revela la diversidad interna del país a través de una mirada íntima al mundo ultraortodoxo.

La selección de películas responde siempre a su relevancia histórica y a su capacidad para abrir interrogantes. Más que trazar una cronología cerrada, el taller invita a comprender cómo cada generación de cineastas ha dialogado con los dilemas morales y sociales de su tiempo.

Hill 24 Doesn’t Answer (1955) de Thorold Dickinson. Película que muestra la búsqueda de cohesión y de sacrificio nacional.

MF- Platícanos sobre los cambios que ha experimentado el cine israelí a lo largo de los años. ¿En qué temáticas detectas cambios y en cuáles ves continuidades?

MSC- El cine israelí ha evolucionado de manera paralela a la historia del país. En sus primeras décadas predominaba una narrativa cohesionadora, casi épica, acorde con un Estado que necesitaba afirmarse. Las historias eran colectivas y el héroe encarnaba un ideal compartido.

Sin embargo, a partir de los años sesenta se perciben transformaciones significativas. La influencia del neorrealismo italiano aporta una mirada más atenta a la vida cotidiana y a los personajes vulnerables, mientras que la Nouvelle Vague francesa introduce mayor libertad formal y subjetividad narrativa. El cine comienza a interesarse menos por el mito y más por la experiencia individual.

Después de la Guerra de Yom Kipur en 1973, esa evolución se acentúa. El relato heroico pierde centralidad y emerge una reflexión más crítica sobre la guerra, la memoria y la identidad. Cineastas como Amos Gitai representan bien esa transición: su obra introduce una dimensión política compleja, donde el espacio, la memoria y las fracturas internas del país se convierten en protagonistas. En su cine no hay afirmaciones simples, sino preguntas incómodas.

Con el paso de los años, el cine israelí se vuelve más plural. Aparecen nuevas voces, nuevas comunidades representadas y nuevas perspectivas sobre la tensión entre tradición y modernidad. Y, sin embargo, ciertas constantes permanecen: la memoria colectiva, el servicio militar como rito de paso y la búsqueda constante de identidad en un entorno geopolítico complejo.

Lo que cambia no es la existencia de estos temas, sino la profundidad con que se abordan. El cine israelí ha pasado de construir relatos a revisarlos, de consolidar certezas a explorar ambigüedades.

Footnote (2011) de Joseph Cedar. Eliezer y Uriel Shkolnik son padre e hijo, además de profesores rivales en Estudios Talmúdicos. Cuando ambos se enteran de que Eliezer será galardonado por su trabajo, su complicada relación alcanza un nuevo punto álgido.

MF- Más allá de ver las películas, lo rico e interesante del taller es la guía experta y el debate. Cuéntanos sobre las dinámicas y el perfil del público

MSC- El taller se basa en una combinación de contextualización histórica, análisis cinematográfico y debate abierto. Antes de cada película se presenta el marco político y social que permite comprender su surgimiento. Durante la sesión analizamos escenas clave, construcción simbólica y discurso implícito.

El debate es fundamental. Me interesa que los participantes contrasten miradas y conecten lo que ven con procesos históricos reales. En ocasiones incorporo referencias lingüísticas en hebreo que enriquecen la lectura cultural de determinadas escenas.

El perfil del alumnado es muy diverso: público general interesado en cultura judía, estudiantes de historia o lenguas, personas con vínculos familiares con Israel y amantes del cine internacional. Esa pluralidad genera conversaciones profundas y enriquecedoras.

Bar Bahar (2016) de Maysaloun Hamoud. Tres mujeres palestinas que comparten piso en Tel Aviv intentan encontrar el equilibrio entre la cultura tradicional y la moderna.

MF- Esta es solo una de las ofertas culturales en el Ulpán Hebreo Sefarad. Cuéntanos sobre las demás ofertas y cómo se relacionan con el taller de cine israelí

MSC- El Ulpán Hebreo Sefarad ofrece enseñanza de lengua hebrea en distintos niveles, talleres de historia del pueblo judío, literatura hebrea contemporánea y cultura israelí.

Mi taller de historia del pueblo judío está estrechamente vinculado al de cine. Los procesos históricos que estudiamos desde una perspectiva académica reaparecen dramatizados en la pantalla. El cine permite ver cómo la historia se transforma en relato emocional, en experiencia humana.

Ambos talleres se complementan y dialogan constantemente, ofreciendo una visión integral de la cultura judía e israelí.

Logo del Ulpan Hebreo Sefarad

MF- ¿Cómo podemos participar en el taller de cine israelí y demás actividades del Ulpán Hebreo Sefarad?

MSC- Las actividades se desarrollan en formato online, con apoyo audiovisual y presentaciones estructuradas que facilitan la participación desde distintos países. La inscripción se realiza a través de los canales oficiales del centro.

El taller está abierto tanto a quienes ya tienen conocimientos previos como a quienes desean acercarse por primera vez al cine israelí. Más que un curso de cine, es una invitación a comprender una sociedad compleja a través de sus imágenes.

Porque, en definitiva, el cine no solo cuenta historias: revela cómo una comunidad se enfrenta a su memoria, a sus tensiones y a sus esperanzas. Y en esa conversación entre historia y pantalla es donde, creo, se encuentra la verdadera riqueza del taller.

Enlaces al ulpan y sus cursos: 

https://ulpanhebreosefarad.com

https://ulpanhebreosefarad.com/cursos/historia-cine-israeli

https://www.facebook.com/share/1DEJXeq2Jp/?mibextid=wwXIfr

https://www.instagram.com/ulpanhebreosefarad?igsh=eWwzYmJzamY1cnEx