Por Manuel Férez. Profesor de Medio Oriente y Cáucaso. Doctor en sociología, Universidad Alberto Hurtado de Chile.

La nueva ola de protestas en Irán puede interpretarse desde dos perspectivas complementarias: por un lado, la resistencia y resiliencia de la sociedad iraní son admirables, pero aún queda por ver si cuentan con la cohesión, el liderazgo y el grado de organización suficientes para derrocar a la teocracia.
Por otro lado, las fracturas del establishment de la teocracia son tan grandes y profundas que dejan entrever una crisis estructural de legitimación irresoluble. El Estado ha logrado gestionar las protestas durante la última década, aunque con grandes dificultades y a un alto precio. Estos han sido: cansancio, concesiones graduales, fragmentación interna y apelar a la represión brutal de manera cada vez más recurrente, lo que conlleva una deslegitimación.
Incapaz de reformarse lo suficiente para calmar el malestar social, el régimen sigue reproduciendo las causas de las protestas: crisis económica, corrupción generalizada y ruptura del contrato social con sus ciudadanos. Durante una década, los iraníes han visto cómo su moneda se desplomaba, cómo desaparecía su poder adquisitivo y cómo sus ahorros perdían el 90 % de su valor real. La clase media iraní está en bancarrota, enfadada y harta.
Las trayectorias de las protestas en Irán
Hay una tendencia en la historia reciente de Irán que hay que entender para poder reflexionar y visibilizar la actualidad de mejor manera:
Desde 2009, Irán ha sido escenario de varias oleadas de protestas. Aunque cada una ha tenido sus particularidades, hay constantes que vale la pena recordar: la extensión de las protestas, los sectores sociales que se han sumado a ellas y las grietas que han generado en la estructura del régimen.
El Movimiento Verde de 2009 es un buen punto de partida. Ese año, tras la reelección de Mahmud Ahmadineyad basada en un fraude electoral, millones de iraníes salieron a las calles de Teherán. En su punto álgido, algunas estimaciones situaban la participación en más de tres millones solo en la capital del país.
Estas protestas de 2009 contaban con el amplio apoyo de la ciudadanía, tenían liderazgos claros (Karroubi y Mousavi) y lograron movilizar a la clase media urbana del país. Sin embargo, en 2009 el malestar social se concentró en las grandes ciudades, por lo que el régimen logró reprimirlo (ante la indiferencia y complicidad de la comunidad internacional) y sus líderes fueron exiliados, encarcelados o puestos en arresto domiciliario.

Protestas del Movimiento Verde en Irán (2009). Creative Commons
El segundo momento a mencionar son las protestas de 2017-2018. Durante ese invierno se registraron protestas sociales que, si bien eran de menor volumen que las de 2009, fueron más dispersas geográficamente, pues participaron no solo las grandes ciudades, sino también pueblos más pequeños. Estas movilizaciones comenzaron en los bazares de la ciudad de Mashhad por motivos económicos, pero evolucionaron rápidamente hasta convertirse en protestas contra el régimen. La violencia estuvo presente en la reacción del Gobierno a esta ola de protestas.
En 2019, el malestar social se intensificó por un fuerte y repentino aumento del precio de la gasolina, lo que llevó a protestas a escala nacional, principalmente fuera de las grandes ciudades. En estas protestas, la clase media fue la protagonista. El régimen volvió a reprimir brutalmente las protestas, llegando a cortar internet en todo el país durante casi dos semanas. Instituciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, así como ONG locales, hablan de más de 300 personas asesinadas por el Gobierno durante este periodo, uno de los más violentos de la historia de la teocracia iraní.
La tercera ola de movilizaciones fue el movimiento conocido como Zan, Zandegi, Azadi (Mujer, Vida, Libertad) de 2022-2023.

La diáspora iraní sumándose a las protestas anti régimen en 2022. Creative Commons
Desencadenadas por la muerte de la ciudadana iraní de origen kurdo Mahsa Amini bajo custodia policial, estas protestas lograron extenderse por todo el país, sumándose a ellas estudiantes, adolescentes y jóvenes de clase media, en su mayoría pertenecientes a minorías étnicas no persas (especialmente los kurdos).
Si bien las movilizaciones de 2022-2023 fueron potentes y lograron atraer la atención internacional de manera sostenida, el volumen de participación no alcanzó los niveles de 2009. Según informes de organizaciones no gubernamentales y gobiernos, en ese periodo el régimen asesinó a más de 500 personas y detuvo a más de 19 000.
Las protestas actuales deben entenderse dentro de esta serie de levantamientos sociales anteriores, aunque su origen sea distinto. Si bien es cierto que el Movimiento Verde de 2009 fue el más amplio y potente, ya que logró que muchos políticos y antiguos miembros reformistas del aparato estatal se aliaran con los manifestantes, lo que experimenta hoy Irán es una convulsión que sacude los cimientos del poder.
Para decepción de los aliados y cómplices de la teocracia iraní, esta no es una crisis temporal, sino un largo y continuado declive social, político y económico de un régimen al que solo le quedan la violencia y el chantaje para sobrevivir. Durante casi ocho años, la economía iraní ha estado en constante declive y es imposible alterar el curso económico del país.
Algunos colegas y especialistas apuntan a que las sanciones y presiones internacionales han provocado esta situación. Sin embargo, en Irán ya se sufría una mala gestión de los recursos nacionales y una corrupción galopante y descarada, que solo han sacado a la luz las sanciones. La presión occidental limita al régimen iraní, que ha optado por la contención y la represión en lugar de reformarse para recuperar algo de legitimidad social.
Probablemente, el régimen no colapsará de forma repentina, sino que sobrevivirá a duras penas, a la deriva y sin posibilidades de renovación. Más que una revolución, el régimen se enfrenta a un ciclo interminable de erosión y agotamiento de las bases políticas, religiosas e identitarias en las que se ha sustentado durante décadas.
Es en este contexto que entrevisté a Jino Victoria Doabi, una joven iraní graduada en Ciencias Políticas y especializada en Relaciones Internacionales, que ha participado activamente tanto en las protestas actuales en Irán como en las redes sociales, donde informa y muestra al mundo la resistencia y las protestas sociales, así como la represión del régimen.

Las mujeres y miembros de minorías como kurdos y baluches han sido centrales en las protestas en Irán
Manuel Férez- Hola, Jino. Gracias por tu tiempo. Los jóvenes iraníes, sobre todo mujeres y personas pertenecientes a minorías étnicas (kurdos, baluches, lures), están al frente de las protestas. ¿Hay líderes claros o nos encontramos ante un movimiento descentralizado?
Jino Victoria Doabi- En los últimos días, hemos sido testigos de la convulsión de la sociedad iraní. Como impulsora y participante activa de las protestas, me gustaría compartir con ustedes en esta entrevista algunas ideas sobre los motivos que llevan a los iraníes a salir a la calle.
Hay que recordar que, desde 2009, no solo los jóvenes y las mujeres han rechazado y desafiado a la teocracia; también la élite comercial iraní ha manifestado su rechazo al régimen. Sin embargo, los diferentes sectores sociales tienen quejas y demandas distintas, lo que ha impedido la cohesión de la resistencia. Estas distintas demandas son reflejo de las diferencias internas de la sociedad iraní.
El hecho de que los bazares se hayan unido a las protestas actuales constituye un factor diferenciador que debe tenerse en cuenta en cualquier análisis sobre la situación actual, ya que añade un elemento potente a la deslegitimación del régimen por el peso específico que, en lo económico y político, juegan los bazares
MF- ¿Cuál es el peso real de un Pahlavi en el exilio dentro de la dinámica interna de Irán? ¿Es representativo y capaz de unir a los ciudadanos que protestan?
JVD- رگ بر ستمگر، چه شاه باشه چه رهبر Marg Ba Setamgar, Che Shah Bashe Che Rahbar” (Muerte al dictador, ya sea el Sha o el Ayatolá) es un lema que hace referencia a la lucha histórica de los iraníes por la libertad que se ha entonado desde la Revolución Constitucional del año 1905. Ese lema sigue siendo entonado en las calles iraníes.
Si bien algunos vídeos difundidos por medios de comunicación tradicionales sugerían que los manifestantes coreaban consignas en las que se exigía el regreso de Pahlavi, la mayoría de estos vídeos resultaron ser manipulados y editados con voces en off, como se reveló posteriormente. Es posible que pequeños grupos en ciertas manifestaciones expresaran tales consignas, pero presentar estos casos aislados como representativos del movimiento de protesta más amplio demuestra que responde a intereses ajenos a los de los propios manifestantes.
Cabe destacar que, tras estas revelaciones, estos lemas prácticamente han desaparecido de las redes sociales. En cambio, los cánticos y mensajes dominantes se han mantenido consistentemente antirrégimen, oponiéndose explícitamente a Jamenei, al sistema de la República Islámica en su totalidad, al clero y al Sha. Estos lemas ya no son marginados ni distorsionados mediante la manipulación mediática.
Hay pocas pruebas que sugieran que Reza Pahlavi sea capaz de unir a la población iraní o de representar siquiera a una mayoría. Hay dos razones fundamentales para ello. En primer lugar, es hijo de un exdictador cuyo régimen, mediante la brutalidad de la SAVAK, cometió graves violaciones de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad. Estos crímenes constituyen crímenes de lesa humanidad por los que tanto el ex shah como Farah Pahlavi deben rendir cuentas.
En segundo lugar, Reza Pahlavi no ha logrado generar un apoyo significativo en regiones clave ni en comunidades marginadas, como Baluchistán, Kurdistán y Azerbaiyán iraníes. A lo largo de los años, no ha tomado medidas concretas ni efectivas para involucrar a estos grupos ni para aprovechar las oportunidades cruciales que surgieron en momentos de agitación generalizada.
De hecho, él y sus allegados rechazan la identidad diferenciada de estos grupos y sus reivindicaciones, y silencian su postura. Esta inacción constante ha reforzado la percepción interna de que Pahlavi carece de la capacidad política y la credibilidad necesarias para liderar o unificar el diverso movimiento de protesta de Irán.

En el sitio https://www.fdd.org/analysis/2025/06/25/mapping-the-protests-in-iran-2 pueden seguir el desarrollo de las protestas en Irán
MF- Cuéntanos sobre la represión del régimen. Hay informes de decenas de muertos, cientos de heridos y miles de detenidos. Has estado activa en las protestas así que tu punto de vista es valioso.
JVD- Lo que estamos presenciando es una respuesta profundamente discriminatoria y violenta por parte del régimen. Inicialmente, el régimen respondió con diálogo a las protestas por el deterioro de la situación económica cuando estas involucraban a comerciantes. Sin embargo, en las regiones y ciudades kurdas, el régimen ha respondido con extrema violencia, utilizando munición real, llevando a cabo una represión masiva y asesinando a manifestantes. Esta escalada se produjo tras las declaraciones del líder supremo, Alí Jamenei, quien calificó de legítimas las protestas de los comerciantes, pero de ilegítimas las protestas en ciudades kurdas como Kermanshah e Ilam, así como entre la población luri de Lorestán, tachándolas de obra de peligrosos agentes extranjeros.
Se han producido arrestos arbitrarios y registros en los domicilios de activistas e incluso de personas que no participaron en las protestas. Muchos de los detenidos han sido trasladados sin informar a sus familias, por lo que se desconoce su paradero. Hasta el momento, al menos diez personas han sido asesinadas; seis de ellas fueron identificadas durante una sola protesta en zonas kurdas y el número total de muertes confirmadas asciende a diecisiete.
Este patrón demuestra claramente que las regiones kurdas están siendo castigadas colectivamente con mayor severidad.
MF- ¿Hay líderes claros y cohesionadores al interior de Irán o nos encontramos ante un movimiento descentralizado, como apuntan algunos analistas?
JVD- Las protestas se desencadenaron por la situación económica y comenzaron con los comerciantes, pero ahora son los jóvenes los que lideran las calles y las redes sociales. Sin embargo, este movimiento no es tan diverso socialmente como las revueltas anteriores, en las que mujeres y hombres participaron por igual y en gran número.
Hay figuras emergentes que podrían desempeñar un papel de liderazgo, pero no existe un liderazgo único y centralizado. En muchos sentidos, se trata de un movimiento descentralizado. Si surgieran figuras representativas que realmente reflejaran a todos los grupos étnicos, naciones y minorías religiosas, eso podría fortalecer y unificar el movimiento.
Dicho esto, los actores políticos kurdos y la población kurda abogan claramente por un sistema de gobierno descentralizado. Esta no es una demanda marginal ni negociable, sino una postura política fundamental arraigada en décadas de represión y exclusión.
MF- ¿Qué opinas del apoyo internacional a la causa iraní?
JVD- Si los ciudadanos que protestan no reciben apoyo internacional, es improbable que el régimen se rinda, por lo que el apoyo internacional es, sin duda, fundamental. La pregunta clave es: ¿Qué tipo de apoyo? Es crucial expresar con claridad lo que realmente pide el pueblo iraní.
Lo que exigen al mundo y a todas las personas interesadas en los derechos humanos y el derecho internacional es el aislamiento, la deslegitimación y la presión constante sobre el régimen. Al mismo tiempo, es necesario brindar un apoyo integral a todos los pueblos y naciones de Irán para que puedan continuar su lucha por todos los medios a su alcance.
Los actores internacionales deberían centrarse en debilitar y terminar sus relaciones con el régimen a nivel político, económico y diplomático, al tiempo que amplifican las voces del pueblo y apoyan a los movimientos de base dentro de Irán, en lugar de imponer soluciones desde el exterior o figuras carentes de legitimidad interna, como el Pahlavi, que es la razón por la que estamos aquí.
Debo señalar algo en este punto. Soy kurda y, desde pequeña, participo en la política que afecta a mi pueblo. Obviamente, no seré libre hasta que todo mi pueblo lo sea.

Protesta anti régimen en la ciudad de Marivan, Kurdistan. Creative Commons
MF- Platícanos sobre la situación y lucha kurda en Irán.
JVD- La lucha kurda en Irán, conocida como Rojhalat (Amanecer), tiene sus raíces en más de cien años de marginación política, cultural, social y económica, pero se ha enfrentado a la imposición de una identidad persa mediante la asimilación militar y política, tanto durante la era del Sha como bajo el régimen actual. Los kurdos de Irán constituyen la etnia más numerosa y habitan principalmente en el oeste del país (Rojhalat). Llevan mucho tiempo exigiendo mayor autodeterminación política, respeto a sus derechos culturales y lingüísticos, y mejores condiciones económicas, pero han sido condenados a prisión por enseñar kurdo, vestir ropa kurda o expresar su identidad kurda de cualquier manera.
El régimen iraní suele considerar a los activistas y organizaciones kurdas una amenaza para la seguridad del Estado y los tacha de terroristas. Como resultado, las zonas kurdas se ven sometidas a fuertes controles de seguridad, operaciones militares, arrestos masivos y brutales represiones. Las protestas pacíficas suelen ser reprimidas con violencia y ofensivas militares, y muchos activistas kurdos han sido encarcelados, torturados o condenados a muerte tras procesos judiciales injustos.
Esta opresión afecta especialmente a los kurdos, pero otras minorías, como los grupos religiosos y étnicos, también sufren discriminación sistemática. El régimen utiliza la vigilancia, los arrestos arbitrarios, las restricciones a la libertad de expresión y de religión, y el abandono económico como herramientas para mantener el control y reprimir a la oposición.
En general, el trato dado a los kurdos y otras minorías forma parte de un patrón más amplio mediante el cual el régimen iraní castiga a los grupos que desafían su autoridad y exigen derechos fundamentales. Esta situación ha contribuido a las tensiones persistentes, las violaciones de los derechos humanos y la inestabilidad en el país.

