Etnicidad en Irán: la cuestión que evita la sociología iraní

por | Mar 22, 2026 | Lenguaje, Portada | 0 Comentarios

Por Aghil Daghagheleh University of Northern Colorado, USA aghil.daghagheleh@unco.edu

Publicado originalmente en https://globaldialogue.isa-sociology.org/articles/ethnicity-in-iran-the-question-iranian-sociology-avoids

Mapa de la diversidad étnica de Irán que muestra los principales grupos. Crédito: Grupos étnicos en Irán, por Mapper 01, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

La etnicidad es un tema tabú en Irán, al menos en la sociología convencional. En Irán conviven diversos grupos étnicos, entre los que se encuentran los persas, los kurdos, los turcos, los árabes y los baluchis. Los persas constituyen la mayoría en la meseta central, mientras que los demás grupos étnicos se concentran en las regiones periféricas. Estas divisiones étnicas se entrelazan con las diferencias religiosas, ya que el islam chií es mayoritario en el centro del país, mientras que las poblaciones suníes son más numerosas en las regiones periféricas. Esta breve descripción plantea interrogantes sociológicos sobre la forma en que estas diferenciaciones e intersecciones étnicas y religiosas configuran las experiencias sociales. Sin embargo, sorprendentemente, en los estudios sobre Irán se pasan por alto estas fragmentaciones.

Esto no implica negar la creciente bibliografía sobre etnicidad, que exploraré más adelante; sin embargo, en los estudios sociológicos generales, la etnicidad se rechaza en gran medida como una categoría analítica para diferenciar las experiencias sociales en Irán. Se publican numerosos estudios que examinan una gran variedad de temas, desde las revoluciones iraníes hasta las luchas de las mujeres, los movimientos sociales, la política subalterna y otros desafíos sociopolíticos a los que se enfrenta el país. Sin embargo, en gran parte de esta literatura, se sigue hablando de un singular «pueblo iraní», mientras que la etnicidad queda en un segundo plano.

Esta negación proviene, por un lado, de las perspectivas nacionalistas que presentan a Irán como una nación históricamente unificada y homogénea. Por lo tanto, la etnicidad se considera una cuestión de variaciones culturales más que una dimensión estructurante de la experiencia social. A menudo, esta visión recurre a narrativas sobre un Irán antiguo glorificado https://www.degruyterbrill.com/document/doi/10.7312/ziae17576/html, así como a mitos de ascendencia aria, con el fin de naturalizar la unidad nacional y rechazar la existencia de fragmentación. En este contexto, la inclusión de la etnicidad como eje analítico para comprender la realidad cotidiana del país se considera irrelevante e incluso peligroso, ya que se teme que reconocer la etnicidad afiance dichas distinciones y provoque la fractura de lo que se concibe como un todo unificado.

Los académicos críticos tienden a reconocer la construcción moderna de la nación. La mayoría de ellos reconoce que Irán no es un caso excepcional en la historia de la formación de los estados-nación. Sin embargo, dentro de esta tradición, la etnicidad ha recibido poca atención como dimensión estructurante de la vida sociopolítica iraní, aunque algunos trabajos recientes han comenzado a abordar esta laguna. Un ejemplo es un artículo reciente de Kadivar et al. (2025), https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=5840223 que incorpora la etnicidad como una dimensión en el análisis de las recientes olas de protestas en Irán. No obstante, este enfoque sigue siendo marginal.

Este silencio analítico no es accidental, sino que tiene sus raíces en la propia posición de la sociología iraní. Históricamente, esta disciplina ha estado marcada por las tradiciones intelectuales persas, chiíes y de clase media. Esta tradición tiende a equiparar la nación con la cultura, el idioma y la experiencia histórica de la meseta central de Irán, obviando la existencia de otras realidades sociales. Esto cobra mayor relevancia al considerar la intersección entre etnia y religión, ya que grandes poblaciones de las zonas periféricas son suníes y no persas. También es importante tener en cuenta que las comunidades periféricas han tenido trayectorias diferentes en su relación con el Estado iraní central. La formación del Estado iraní moderno, por ejemplo, celebrada ampliamente como el nacimiento de la nación iraní moderna y su integridad territorial en el centro, se recuerda en las regiones periféricas como la pérdida de autonomía. Lo mismo puede decirse de la Revolución Islámica de 1979, cuando el énfasis en el chiismo provocó resistencia y represión violenta en la periferia. Por supuesto, la lista podría continuar indefinidamente. No obstante, la cuestión sigue siendo que estas perspectivas desde la periferia, parafraseando al historiador iraní Arash Khazeni, están prácticamente ausentes en la investigación académica. El problema no radica en la dificultad para conciliar estas perspectivas ni en la falta de voluntad para ver el mundo social a través de los ojos de quienes se encuentran en los márgenes. El problema es que la visión desde la periferia es prácticamente impensable desde una posición profundamente arraigada en el centro. Por supuesto, detrás de todo esto subyacen relaciones de poder más profundas que dejaré de lado por ahora.

En Irán, la etnicidad suele considerarse una patología más que un eje de desigualdad.

A pesar de este silencio analítico generalizado, la investigación sobre etnicidad en Irán se ha desarrollado hasta convertirse en un campo específico e independiente, pero en constante crecimiento. En el país, gran parte de la investigación sobre etnicidad adopta una perspectiva patológica y orientada a las políticas públicas. La etnicidad se presenta como un «problema», una amenaza para la integridad nacional que debe ser supervisada, controlada o neutralizada. Los investigadores se mueven entre los grupos étnicos como si estuvieran en zonas de riesgo. Evalúan constantemente los niveles de identidad nacional y analizan cómo las afiliaciones étnicas se alinean o divergen de las nacionales, así como si constituyen una amenaza en la actualidad.

Temas como el separatismo, la cohesión nacional y el etnocentrismo (qawmgerayi) dominan el campo. Algunos estudios niegan la existencia misma de la etnicidad en Irán y la presentan como un mito fabricado por élites o actores extranjeros con la intención de desestabilizar la nación. Otros lo interpretan como una crisis en desarrollo: una amenaza latente a la soberanía, una «enfermedad de seguridad» (bimaari-ye amniati) que debe diagnosticarse y tratarse, un foco de conflicto futuro o un desafío de seguridad que debe gestionarse. Se trata, en efecto, de una sociología que «ve como un Estado», parafraseando a James Scott: busca hacer comprensibles y manejables las poblaciones étnicas con fines de control, en lugar de comprenderlas en sus propios términos.

Paralelamente, ha surgido un corpus de trabajo más crítico e interpretativo que analiza cómo las políticas étnicas se han visto influenciadas por proyectos más amplios de construcción estatal. En lugar de considerar la etnicidad como una patología que debe controlarse, esta corriente académica la sitúa dentro de los procesos históricos de construcción nacional, integración coercitiva y desarrollo desigual. Los estudios de esta corriente examinan cómo los discursos e instituciones estatales han generado marginación mediante mecanismos como la homogeneización lingüística, la supresión de las historias de las minorías y la securitización de las comunidades no persas. Algunos académicos también han destacado las formas de resistencia cotidiana, es decir, la manera en que las minorías étnicas negocian, subvierten o cuestionan las narrativas dominantes de identidad nacional. Asimismo, existe un corpus de investigación empírica en expansión, aunque todavía limitado, que ha comenzado a explorar las disparidades étnicas en educación, atención médica y oportunidades económicas, y que plantea la compleja pregunta de si la etnicidad funciona como un eje de desigualdad en el Irán contemporáneo, una cuestión que, por el momento, sigue sin respuesta.

La etnicidad está intrínsecamente ligada a luchas de larga data.

Aún persisten importantes lagunas. La primera es conceptual: la etnicidad sigue siendo un concepto difícil de definir en el contexto iraní, por lo que algunos investigadores lo sustituyen por términos como «minoría» para evitar tensiones políticas y teóricas. El término «minoría» suele hacer referencia a la marginalidad numérica o la subordinación estructural, pero se centra menos en cuestiones controvertidas como la definición de un grupo étnico, la delimitación de sus fronteras o cómo evitar la esencialización de las identidades. Este cambio permite a los investigadores abordar lo que Rogers Brubaker denomina «etnicidad sin grupismo» (como se observa en la obra de Elling https://link.springer.com/book/10.1057/9781137047809), lo que puede facilitar el análisis de la marginación sin necesidad de hacer reivindicaciones de identidad colectiva ni cuestionar la soberanía.

Sin embargo, persiste la pregunta: ¿qué significa realmente «etnicidad» —incluso cuando se define con mayor cautela como «minoría»— en el contexto iraní? Esto cobra especial relevancia al aplicar marcos teóricos occidentales sin un análisis crítico suficiente. Dichas teorías suelen enfatizar la identidad, la diferencia cultural o las fronteras simbólicas, pero prestan mucha menos atención a la cuestión histórica de la soberanía. En Irán, la etnicidad no se limita a la distinción cultural. Está intrínsecamente ligada a luchas de larga data por la soberanía estatal, el control territorial y la incorporación forzosa de las regiones periféricas. Los principales grupos étnicos del país —turcos, kurdos, baluchis, árabes y turcomanos— se concentran en lo que comúnmente se denomina la «periferia»: regiones geográficamente distantes de Teherán y la meseta central. Estas regiones y sus comunidades a menudo tienen una historia de gobierno semiautónomo y tensiones de larga data con el Estado central, ya que su incorporación al cuerpo político del Estado iraní implicó campañas militares, asimilación forzada y control de la población. Sin embargo, estas historias suelen quedar excluidas de los análisis contemporáneos sobre la etnicidad, lo que dificulta la comprensión de la complejidad de las dinámicas étnicas actuales.

La integración de las historias tribales en la sociología de la etnicidad revela cómo los legados históricos configuran las realidades actuales.

Sin duda, la expansión del Estado hacia la periferia ha sido documentada, especialmente en la literatura influenciada por los estudios subalternos. Estos trabajos analizan la violencia estatal y la resistencia local, que suelen enmarcarse como «política tribal». Sin embargo, los estudios sobre política tribal y etnicidad han permanecido aislados: los primeros, relegados a la historia; los segundos, al presente. Esta división oculta la forma en que los legados históricos configuran las realidades actuales. Superar esta brecha abriría nuevos horizontes conceptuales para el estudio de las etnicidades en Irán.

Un pequeño pero creciente conjunto de investigaciones está comenzando a lograrlo. Al partir de las historias periféricas de la formación del Estado, estos trabajos cuestionan la naturaleza del propio Estado iraní. Examinan episodios de desplazamiento forzado, borrado cultural y violencia estatal, y argumentan que la formación del Estado no solo implicó modernización, sino también lógicas de dominación colonial. Desde esta perspectiva, la expansión de Irán hacia sus periferias étnicamente diferenciadas se asemeja a un proyecto colonial de asentamiento y la resistencia a este constituye una praxis decolonial. Este replanteamiento desestabiliza los paradigmas dominantes y exige la integración de las historias tribales en la sociología de la etnicidad.

La necesidad, aunque censurada, de llevar a cabo una investigación empírica que reconozca la multiplicidad de experiencias vividas.

No obstante, para comprender la etnicidad —independientemente del marco teórico— es necesaria una base empírica. Debe estudiarse como un fenómeno vivido, negociado y situado, moldeado por las prácticas cotidianas y los significados en disputa. Esto exige un compromiso etnográfico a largo plazo. No obstante, dicha investigación se ve severamente limitada en Irán por barreras políticas y estructurales. La securitización de la etnicidad ha creado un clima de miedo y autocensura. Tanto los investigadores como sus interlocutores corren el riesgo de ser acusados de separatismo o de atentar contra la seguridad nacional. El trabajo de campo se vuelve complejo y es improbable que las instituciones apoyen investigaciones que cuestionen las narrativas dominantes.

Poner la etnicidad en el centro obliga a la sociología iraní a enfrentarse a sus exclusiones, a cuestionar los imaginarios nacionales dominantes y a reconocer la multiplicidad de experiencias vividas. También invita a una comprensión más profunda del Estado iraní, una comprensión moldeada no solo por la revolución y la ideología, sino también por geografías disputadas, historias periféricas y luchas por la soberanía.