Alepo y el colapso de un futuro compartido

por | Ene 21, 2026 | Lenguaje, Portada | 0 Comentarios

Por Karena Avedissian

Publicado originalmente por Armenian Weekly https://armenianweekly.com/2026/01/18/aleppo-and-the-collapse-of-a-shared-future/

La Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES) surgió durante la guerra civil siria como un sistema de gobierno multiétnico que representaba a kurdos, árabes, sirios, armenios, asirios y yazidíes, entre otros grupos étnicos. Su estructura descentralizada e inclusiva en cuanto al género se basa en consejos locales. Sheikh Maqsoud y Ashrafieh, dos barrios de mayoría kurda en Alepo, formaban parte de la AANES.

El barrio Sheikh Maqsoud de Alepo, de mayoría kurda, en enero de 2026. (Captura de pantalla de un vídeo de Al Jazeera)

En 2022, un comandante militar de etnia armenia que servía en la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), también conocida como Rojava, viajó con un combatiente armenio a una aldea cerca de Tal Tamr, cerca de la frontera con Turquía. Se le había solicitado que mediara en nombre de una familia kurda que se enfrentaba al desalojo. Esta mediación —un comandante armenio defendiendo a una familia kurda— fue emblemática del tipo de cooperación interétnica que la AANES institucionalizó, no como retórica, sino como práctica.

Tres años antes, la familia había huido de su ciudad natal, Serekaniye (Ras al-Ayn), a unos 40 kilómetros de distancia, durante la ofensiva militar turca de 2019, y se había refugiado en una casa abandonada. Ahora, el Consejo Militar local de Tal Tamr les había informado que la casa debía ser requisada para uso militar. Tras haber sido desplazados una vez y enfrentarse de nuevo al desalojo, acudieron al comandante armenio en busca de ayuda.

«La familia no tenía adónde ir», me dijo el comandante. «Tras la operación turca, muchos desplazados se habían mudado a casas vacías por toda la zona». Esas casas pertenecían a asirios que huyeron del avance del ISIS en 2015 y nunca regresaron.

Tras hablar con la familia, el comandante y su combatiente se dispusieron a partir e ir a hablar con la policía militar para iniciar las negociaciones, cuando comenzaron a caer proyectiles de artillería cerca, a solo 400 metros. Turquía había lanzado otra ronda de bombardeos contra el territorio controlado por la AANES.

Cuando le pregunté al comandante qué habían hecho después, se rió y respondió: «Estábamos tranquilos. Ya estamos acostumbrados a esto», dijo. El combatiente, igualmente imperturbable, se volvió hacia él y le preguntó con calma: «¿Deberíamos irnos?».

Sin embargo, la familia estaba asustada y desesperada. «Dijeron: «Hemos escapado de Serekaniye para escapar de la agresión militar turca»», recordó el comandante. «Preguntaron: “¿Adónde se supone que debemos ir para evitarla ahora?”».

Las tácticas de salami de Turquía y la normalización de la violencia indirecta

Ese bombardeo de 2022 no fue un incidente aislado. Formó parte de la larga campaña de Turquía para debilitar constantemente a la AANES mediante tácticas de salami: pequeñas ofensivas graduales diseñadas para alterar la realidad sobre el terreno sin atraer demasiada atención ni provocar una reacción internacional.

En el contexto armenio, el término se ha utilizado para describir las invasiones territoriales graduales de Azerbaiyán en Nagorno-Karabaj y en Armenia. En la AANES, se refiere a las sucesivas operaciones militares de Turquía y de las milicias respaldadas por este país, así como a las de Siria: la captura de Afrín en 2018, Tal Abyad y Ras al Ayn (Serekaniye) en 2019, Tal Rifaat y Manbij en 2024, y ahora, en 2026, Alepo.

Cada operación reduce el espacio para un autogobierno autónomo y multiétnico. Una característica definitoria de esta estrategia es la legitimación de la violencia indirecta. Turquía persigue sus objetivos a través de estructuras yihadistas y paramilitares, sin asumir la responsabilidad directa, mientras presiona a Damasco para que avance en sus propósitos.

Las progresivas ofensivas de Turquía han erosionado no solo el territorio, sino también el modelo político. La AANES representaba una alternativa tanto a la dictadura centralizada de Bashar al-Asad como a la fragmentación etnosectaria que ha definido gran parte de la región. Para Turquía, la autonomía kurda al otro lado de la frontera suponía una amenaza, ya que podría envalentonar a su propia población kurda, mientras que para Damasco suponía un desafío para el control centralizado.

El federalismo como línea roja

Esta erosión territorial sentó las bases para un desafío diferente. Tras la caída de Asad, la AANES se enfrentó a una creciente presión para renunciar a su autonomía y someterse a un Estado centralizado. En las conversaciones con el Gobierno de transición de Damasco mantuvo una postura coherente: una Siria unificada organizada como un sistema federal que preservara su autonomía política.

Esta autonomía le había permitido a la AANES establecer una gobernanza democrática, promover los derechos de las mujeres e institucionalizar el pluralismo étnico. Reiteró en varias ocasiones que su proyecto no era separatista ni suponía una amenaza para la integridad territorial de Siria.

Sin embargo, estas negociaciones se desarrollaron en un contexto que se oscurecía rápidamente. Las comunidades de la AANES fueron testigos de cómo las fuerzas respaldadas por el Gobierno asesinaban a unos 1500 civiles alauitas a lo largo de la costa en marzo de 2025. Apenas unos meses después, en julio, más de 940 drusos fueron asesinados en actos de violencia sectaria en Sweida y sus alrededores, con la activa participación de las fuerzas gubernamentales.

Estas masacres pusieron de manifiesto el tipo de unidad que se estaba gestando en la Siria post-Assad: una unidad que no toleraría comunidades autónomas, ni alauitas, drusas ni kurdas. El modelo federal de la AANES ofrecía una vía diferente, pero exigía que Damasco aceptara limitar el poder centralizado.

Estos acontecimientos reconfiguraron los cálculos políticos sobre el terreno. Cuando hablé con armenios y asirios de la AANES, comunidades que durante mucho tiempo habían desconfíado de lo que consideraban un liderazgo «kurdo», me dijeron sin dudar que preferían el gobierno de la AANES al de Al-Sharaa. A pesar de sus deficiencias, la AANES los había protegido de la violencia que habían presenciado recientemente en otras zonas. Con esto, la AANES ganó mayor legitimidad, no solo por su ideología, sino también por su capacidad de protección.

No obstante, la implementación de los acuerdos con Damasco se estancó y las conversaciones se pospusieron o cancelaron repetidamente, mientras que la presión turca sobre Damasco para que no concediera ningún grado de autonomía a la AANES pareció intensificarse.

Para aliviar las tensiones, la AANES retiró todas las unidades de las SDF de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh en abril de 2025. A cambio, obtuvo garantías explícitas de no agresión y de preservación de la autogobierno civil. Solo quedaron las fuerzas de seguridad interna ligeramente armadas, la Asayish, encargadas de proteger a la población civil, no de hacer la guerra.

Sin embargo, la tensión aumentó. El 23 de diciembre de 2025, el Gobierno sirio cortó por completo el suministro eléctrico a los barrios.

Sheikh Maqsoud y Ashrafieh albergaban a decenas de miles de residentes kurdos, muchos de ellos desplazados de Afrín durante la ofensiva turca de 2019. Sus historias coincidían con las de la familia de Tal Tamr: desplazada una vez y asediada de nuevo.

Exhibición en el evento de conmemoración del genocidio de la Brigada Mártir Nubar Ozanyan en Tal Tamr, 24 de abril de 2025. (Foto de Karena Avedissian)

Alepo, enero de 2026

Dos semanas después, la noche del 6 de enero de 2026, mientras Al-Sharaa se reunía con funcionarios europeos, facciones armadas respaldadas por Turquía lanzaron un gran asalto contra Sheikh Maqsoud y Ashrafieh, violando el acuerdo de no agresión. Al día siguiente, Damasco declaró las zonas «zonas militares cerradas» y designó como «objetivos legítimos» a las fuerzas kurdas que se encontraban en su interior.

Lo que sucedió a continuación no fue una batalla entre dos ejércitos, sino un asalto abrumador.

Alrededor de 42 000 soldados, entre ellos milicias respaldadas por Turquía como las divisiones Sultán Murad y Hamza —los mismos grupos que enviaron mercenarios a Artsaj—, avanzaron contra unos 300 defensores de la Asayish.

Estas fuerzas progubernamentales cometieron numerosos crímenes de guerra, entre ellos la ejecución de civiles y la mutilación de cadáveres. El hospital Khalid Fajr fue atacado repetidamente con tanques, drones y cohetes, incluso cuando había cientos de civiles heridos recibiendo atención médica en su interior. También se han reportado ataques con drones turcos, lo que supone los primeros ataques directos de Turquía en Siria en meses.

La violencia dirigida contra las comunidades kurdas, en particular contra las mujeres combatientes, no es inusual, sino que representa una mentalidad política compartida que vincula las políticas centenarias de Turquía hacia los kurdos con las prácticas del ISIS y diversas milicias.

El 11 de enero se anunció un alto el fuego. Aunque los detalles aún no están claros, parece que las milicias progubernamentales han tomado el control total de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh. Muchos residentes que se negaron a abandonar sus hogares fueron secuestrados posteriormente por las fuerzas progubernamentales.

La Asayish confirmó posteriormente la muerte de su comandante, Ziyad Heleb, junto con otros combatientes que decidieron quedarse sabiendo que probablemente serían asesinados. Muchos de ellos también eran de Afrín. Murieron defendiendo los barrios autogestionados, ya que estos eran inseparables de la propia comunidad: las redes interétnicas, la participación institucionalizada de las mujeres y el tejido social que hacía posible la autogestión.

Con sus muertes y la retirada de las fuerzas restantes, la presencia de la AANES al oeste del Éufrates llegó a su fin.

Después de Alepo

El asalto a Sheikh Maqsoud y Ashrafieh no fue un hecho militar aislado. Reveló el tipo de Estado que se estaba configurando en la Siria post-Assad: uno que no toleraría espacios autónomos, modelos de autogobierno pluralista ni alternativas al control centralizado.

La familia desplazada de Serekaniye, el comandante armenio que medió entre las líneas étnicas y los combatientes de la Asayish que sabían que morirían: todos formaban parte de un experimento político que desafiaba las normas autoritarias y etnosectarias de la región. Lo que se perdió en Alepo no fueron solo dos barrios, sino la posibilidad que representaban: que kurdos, árabes, armenios, asirios y otros grupos étnicos pudieran gobernarse juntos.

El ataque dejó claro quiénes quedarían excluidos del futuro de Siria: quienes no estuvieran dispuestos a aceptar que la única opción era entre la unidad autoritaria y el gobierno mayoritario.

El caso de Alepo también pone de manifiesto un fracaso más profundo: la incapacidad de avanzar desde un Estado altamente centralizado y dominado por musulmanes sunitas árabes hacia algo que refleje la diversidad real de Siria.

Luz verde internacional.

Mientras se cometían crímenes de guerra en Alepo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se reunió con Al-Sharaa y elogió el «viaje hacia la esperanza» del país, además de prometer 620 millones de euros en ayuda para la reconstrucción. No obstante, no mencionó las masacres de drusos, alauitas ni kurdos.

Esta omisión no se debió a la ignorancia, sino que refleja la complicidad occidental en lo sucedido.

Los responsables políticos europeos y estadounidenses han aceptado la violencia como el precio a pagar para consolidar un Estado sirio centralizado. La postura de Washington es especialmente contradictoria, ya que su justificación para estar en Siria es derrotar al ISIS, que ahora está resurgiendo. Los kurdos no fueron socios periféricos en esa lucha, sino su columna vertebral.

Los cálculos de Europa son pragmáticos. Quiere que los refugiados sirios se marchen. Los partidos de extrema derecha han ido ganando terreno en las elecciones, impulsados por el sentimiento antirrefugiados. Al alentar el retorno, los dirigentes europeos esperan debilitar la base política de estos movimientos, aunque ello suponga legitimar a un gobierno que comete atrocidades.

Europa también acepta a Al-Sharaa por razones de seguridad y trata a sus fuerzas como socios en la búsqueda de redes yihadistas, mientras margina a la AANES, a pesar de su papel probado en la derrota de ISIS, que tuvo un inmenso coste humano. Para Occidente, una autoridad centralizada en Damasco es preferible a un panorama político descentralizado. Se asume que la consolidación del Estado, incluso si es autoritaria y violenta, es más segura que la autonomía o el pluralismo.

Kurdos en Van, Turquía, protestan en apoyo a los residentes de Sheikh Maqsoud durante los enfrentamientos de Alepo de enero de 2026. (Foto vía Wikimedia Commons; originalmente una captura de pantalla de YouTube)

Si la AANES cae, todos pierden.

La familia desplazada de Serekaniye, que ha tenido que huir dos veces por las operaciones turcas, no obtiene ningún beneficio de los fondos europeos de reconstrucción que legitiman a las fuerzas que la han desplazado. A largo plazo, este enfoque corre el riesgo de producir precisamente la inestabilidad que pretende prevenir. Hay pocas pruebas de que se estén aprendiendo las lecciones de la última década en Siria, sobre la represión, la exclusión y sus consecuencias.

Lo que murió en Alepo no fue solo un proyecto kurdo. Lo que murió en Alepo fue la posibilidad de que las diversas comunidades sirias se autogobernaran juntas.

Los combatientes de la Asayish que se quedaron defendían un experimento político en el que kurdos, árabes, armenios, asirios y otras comunidades podían compartir la vida política en igualdad de condiciones, las mujeres podían liderar y el pluralismo podía institucionalizarse.

La resistencia en Sheikh Maqsoud y Ashrafieh puso de manifiesto algo que los responsables políticos occidentales no han comprendido: la defensa no puede reducirse a la fuerza militar. Lo que permitió que trescientos defensores ligeramente armados resistieran un asalto abrumador fue la legitimidad: la confianza de los residentes y la resiliencia colectiva construida a lo largo de años de práctica democrática.

En la AANES, la defensa es integral y une las armas, la sociedad, la atención médica, la educación y la memoria en un todo inseparable. Por tanto, el enfoque de Europa en la autoridad centralizada en Damasco es estratégicamente erróneo. La AANES derrotó al ISIS mediante una organización social que convirtió la defensa en una capacidad cívica compartida.

Al marginar este modelo en favor de la consolidación del Estado, las potencias occidentales están socavando la estabilidad que dicen buscar, basada en la legitimidad y no en la violencia.

Si la AANES se derrumba, todos los sirios pierden. La pregunta que se hizo la familia desplazada —«¿Adónde se supone que debemos ir?»— ahora tiene respuesta: a ninguna parte.