Por Tommy Syrmolotov
Publicado originalmente en UNITED24 MEDIA https://united24media.com/war-in-ukraine/what-12-years-of-russian-population-engineering-did-to-crimea-23593
Un millón de colonos rusos, un Estado dominado por el FSB y escuelas que preparan a los niños para la guerra. Durante doce años de ocupación, Rusia ha estado transformando quién vive en Crimea, trasladando militares, funcionarios de seguridad y sus familias, y construyendo una sociedad diseñada para mantener el control de la península.

A finales de 2025, los residentes de Yalta, Yevpatoria y Sebastopol que solicitaban viviendas o parcelas de terreno recibían la misma respuesta en las oficinas gubernamentales:
«Para los participantes de la “Operación Militar Especial” (SVO) (1). Vuelva más tarde».
Durante ese mismo período, la administración de ocupación de Sebastopol reservó 40 hectáreas de terreno cerca de la localidad de Poliushko específicamente para los militares rusos que combatieron contra Ucrania y sus familias.
En la primavera de 2026, los residentes del distrito de Kozacha Bay, en la ciudad, conocieron la otra cara de esta política preferencial: los tribunales de ocupación dictaminaron que los terrenos sobre los que habían construido sus viviendas, adquiridas legalmente, pertenecían al Ministerio de Defensa ruso y ordenaron demoler las casas a costa de sus propietarios.
Doce años después del inicio de la ocupación rusa, este es el nuevo contrato social de Crimea en miniatura. Mientras Rusia ha cubierto la península de bases militares, aeródromos y baterías de defensa antiaérea, también ha estado construyendo una sociedad organizada en torno al ejército, poblada por militares, administrada por ellos y que educa a sus niños para servirles.

Personas caminan frente a un mural que representa a Vladímir Putin junto al hashtag #НАШ («Nuestro»), en referencia a la reivindicación rusa de la península de Crimea, anexionada ilegalmente, en la Simferópol ocupada por Rusia, Ucrania, el 17 de agosto de 2015. El mural fue pintado por artistas de Moscú con la aprobación de las autoridades instaladas por Rusia. (Foto: Alexander Aksakov vía Getty Images).
Cambiar quién vive en Crimea
El cambio más trascendental en la Crimea ocupada no es visible en las imágenes satelitales. Son las personas.
Olha Kuryshko, representante permanente del presidente de Ucrania en la República Autónoma de Crimea, explica cómo su oficina llega a una determinada cifra: antes de la ocupación, la población de Crimea era de aproximadamente 2,5 millones de habitantes; actualmente, las estadísticas de ocupación rusas afirman que alcanza los 3,5 millones. La diferencia —alrededor de un millón de personas— representa la magnitud de quienes han sido trasladados a la península. Kuryshko tiene cuidado de señalar que se trata de una estimación.
«Un millón es una cifra muy, muy aproximada», afirma, porque ninguna de las partes que opera desde el territorio controlado por Ucrania puede verificarla de manera independiente.
La estimación tampoco es exclusivamente suya. Su origen se encuentra en el Mejlis del Pueblo Tártaro de Crimea, cuyo presidente, Refat Chubarov, afirmó en julio de 2026 que aproximadamente un millón de rusos trasladados ilegalmente todavía viven en la península.
En dirección contraria, alrededor de 57.000 habitantes de Crimea se han registrado como desplazados en la Ucrania continental, según los cálculos de Kuryshko. Sin embargo, la cifra real de quienes abandonaron la península es mayor, ya que muchos nunca se registraron.
Por separado, el Mejlis estima que unos 50.000 tártaros de Crimea han dejado la península y se han establecido en el extranjero. Actualmente, las muertes en Crimea superan a los nacimientos, por lo que, sin la llegada de nuevos habitantes, la población estaría disminuyendo.
El número real es imposible de conocer por diseño. La imposición de la ciudadanía rusa significa que cualquier persona a la que se le haya expedido un pasaporte ruso en Crimea es contabilizada por Moscú como ciudadana rusa, explica Kuryshko, de modo que los colonos y los habitantes locales terminan mezclados en una misma estadística. Los militares y los funcionarios de seguridad añaden otra dificultad: muchos están destinados formalmente en bases de la península, pero mantienen su residencia oficial en otras partes de Rusia, por lo que viven en Crimea sin aparecer en sus estadísticas demográficas. Entre la imposición de pasaportes y una presencia de seguridad cuyos registros permanecen cerrados, nadie —ni Kyiv, ni las organizaciones de derechos humanos y, posiblemente, ni siquiera Moscú— puede establecer la cifra real.

Un salvavidas que lleva una camiseta con el símbolo «Z», utilizado por las fuerzas rusas en su guerra contra Ucrania, observa a los bañistas en la Alushta ocupada por Rusia, Crimea, Ucrania, el 18 de junio de 2023. (Foto: Olga Maltseva vía Getty Images).
Esto no ocurrió espontáneamente. Moscú construyó toda una maquinaria para trasladar a personas leales a la península, y esta se ha ampliado repetidamente. En diciembre de 2022, las autoridades de ocupación comenzaron a conceder parcelas de terreno a los participantes de la «Operación Militar Especial» (SVO) registrados en Crimea, principalmente en los distritos costeros de Saky, Chornomorske, Lenine y Simferópol.
En septiembre de 2024, el derecho se extendió a cualquier ciudadano ruso que firmara un contrato con el Ministerio de Defensa en la Crimea ocupada y, un mes después, a personas que mantuvieran «relaciones legales con una organización que defiende los intereses de los veteranos de guerras locales y conflictos militares», una referencia al personal de Wagner. A finales de 2024 se habían presentado más de 10.000 solicitudes. Las parcelas permiten construir viviendas, lo que significa que sus beneficiarios terminarán convirtiéndose en residentes con capacidad de influir en la administración de sus nuevas comunidades.
El terreno debe salir de alguna parte. Un decreto de Putin que entró en vigor en 2021 prohibió a los extranjeros poseer tierras en casi toda Crimea, afectando a más de 11.000 parcelas pertenecientes a personas que no tenían pasaporte ruso, en su mayoría ucranianos. Desde entonces, los tribunales de ocupación rusos han comenzado a confiscar esas propiedades.

Una camiseta con imágenes del dirigente soviético Nikita Jrushchov y del presidente ruso Vladímir Putin se exhibe a la venta en la Yalta ocupada por Rusia, Crimea, Ucrania, el 11 de agosto de 2015. El texto en ruso dice «Crimea entregada» sobre la imagen de Jrushchov y «Crimea recuperada» debajo de Putin, en referencia al traspaso de Crimea a la Ucrania soviética en 1954 y al intento de anexión ilegal de la península por parte de Rusia en 2014. (Foto: Alexander Aksakov vía Getty Images).
La oficina de Kuryshko ha documentado 128 sentencias publicadas en las que los fiscales de ocupación acudieron a los tribunales para confiscar directamente las tierras u obligar a sus propietarios a venderlas; la mayoría de las demandas fueron aceptadas. Las víctimas no son únicamente ucranianas: las confiscaciones también han afectado a ciudadanos de Alemania, Kazajistán, Armenia, Estonia, Países Bajos, Israel, Moldavia y Reino Unido. Según Kuryshko, los terrenos están siendo reasignados para cumplir las obligaciones de Rusia con los soldados que participan en su guerra: quienes están registrados como participantes de la «Operación Militar Especial» o sus familias, si el militar ha muerto, tienen derecho a recibir una parcela.
Junto con los militares, Rusia ha atraído a civiles procedentes de regiones más pobres mediante hipotecas subvencionadas y complementos salariales. Además, el programa continúa ampliándose. En mayo de 2026, el jefe de la administración de ocupación de Crimea se reunió con los dirigentes de DOM.RF, la institución estatal rusa dedicada al desarrollo de viviendas. Chubarov considera que el encuentro busca acelerar e institucionalizar el traslado de población.
La legislación al respecto es clara. El artículo 49 del IV Convenio de Ginebra prohíbe a una potencia ocupante trasladar a su propia población civil al territorio ocupado. La Misión de Observación de los Derechos Humanos de Naciones Unidas ha descrito este reasentamiento como un aparente intento de modificar la estructura demográfica de Crimea.
Se trata de una práctica que sigue un patrón histórico de ingeniería demográfica en Crimea. La península fue colonizada después de su anexión en 1783 y posteriormente repoblada con colonos soviéticos tras la deportación de toda la nación tártara de Crimea en 1944. La oleada posterior a 2014 sigue la misma lógica: cambiar a la población para apropiarse del territorio.
Quiénes son los colonos rusos
Los recién llegados no constituyen una muestra aleatoria de ciudadanos rusos que buscan disfrutar de vistas al mar. De manera desproporcionada, representan al propio aparato estatal: oficiales militares, personal del FSB, jueces, fiscales, policías y sus familias.
Esta composición determina la manera en que se gobierna la península. Desde los primeros meses de la ocupación, los puestos clave en los tribunales, las fuerzas del orden y la administración de Crimea fueron ocupados por funcionarios trasladados desde Rusia. Doce años después, el resultado es una sociedad en la que los servicios de seguridad no constituyen simplemente una rama del poder, sino su núcleo. Según la organización de derechos humanos Memorial, las persecuciones políticas por habitante en la Crimea ocupada son más de tres veces y media superiores a las registradas en la propia Rusia.
En marzo de 2026, un centro de detención preventiva de Simferópol fue uno de los siete establecimientos penitenciarios de Rusia que pasaron a estar bajo el control directo del FSB. A diferencia de los otros seis, sus registros fueron discretamente cerrados. Mykola Polozov, abogado que representa a presos políticos en la Crimea ocupada, afirmó que este cambio convierte esos establecimientos en un sistema cerrado para obtener confesiones, en el que los investigadores y agentes operativos del FSB controlan todas las actividades sin supervisión externa sobre posibles abusos.
Debajo de esta represión se encuentra una sociedad dividida en dos niveles. Pertenecer a la clase militar y de seguridad es el pasaporte para acceder a viviendas, tierras y estatus social; todos los demás viven bajo su supervisión y algunos, como los residentes de Kozacha Bay, incluso pierden las viviendas que adquirieron legalmente.
Los colonos llegan como familias, y esas familias están organizadas. Kuryshko señala la existencia de la Unión de Mujeres de Rusia, que cuenta con una filial en Crimea integrada por esposas de militares. Desde 2025, esta organización ha creado «consejos de mujeres» en la península, siguiendo un modelo de alcance nacional que se ha exportado al territorio ocupado. Su agenda es aparentemente blanda, pero tiene objetivos definidos: familia, salud, «educación espiritual» y emprendimiento. A menudo son las esposas y familiares de los militares quienes promueven los cambios de nombre de las escuelas para homenajear a los rusos muertos en la guerra.
Educar a los niños de Crimea para la guerra
La parte más sistemática del proyecto está dirigida a quienes ni siquiera pueden recordar la Crimea ucraniana: los niños.
En 2015 había tres clases de cadetes en las escuelas de Crimea. Para 2025, la cifra había aumentado a 306, un incremento de cien veces documentado por la organización ucraniana de derechos educativos Almenda. El ejército juvenil del Kremlin, Yunarmia, pasó de contar con 1.500 integrantes en la península en 2017 a más de 15.000 a finales de 2024.
En diciembre de 2025, el idioma ucraniano había sido completamente eliminado de los programas escolares. En su lugar, los estudiantes cursan la asignatura «Fundamentos de Seguridad y Defensa de la Patria». Las escuelas han recibido réplicas de fusiles Kaláshnikov y drones FPV para las clases prácticas, mientras que veteranos de la guerra contra Ucrania son incorporados a las aulas como «mentores». En las escuelas de toda la Crimea ocupada se han instalado 421 «pupitres de héroes» en homenaje a los rusos muertos durante la invasión.

Niños manipulan armas de fuego reales, aunque descargadas, durante una campaña de reclutamiento militar rusa en Sebastopol, Ucrania, el 20 de diciembre de 2014, apenas nueve meses después de que Moscú ocupara Crimea. (Foto: Max Vetrov vía Getty Images).
Esta estructura no termina cuando los estudiantes se gradúan. El jefe de la administración de ocupación de Crimea afirma que la península es la única región bajo control del Kremlin que cuenta con un ciclo completo de formación de personal para la guerra con drones, que comienza con la selección de escolares y estudiantes universitarios considerados prometedores.
Existen centros de entrenamiento para pilotos de drones FPV en campos de instrucción militar, y los expertos señalan que la formación de equipos de operadores de drones se ha convertido, en la práctica, en la especialización militar asignada a Crimea. Una región que Ucrania conocía por sus campamentos de verano infantiles ahora forma operadores de drones para el ejército ruso.
Este proceso ya ha producido víctimas. El ucraniano Dmytro Kotov se graduó de una escuela en Dzhankoi, en el norte de Crimea, en 2015. Se incorporó a Yunarmia y, después de terminar la universidad, firmó un contrato con el ejército ruso. Murió a bordo del buque de desembarco Novocherkassk en marzo de 2022, mientras combatía contra Ucrania. Su caso es uno de varios documentados por UNITED24 Media.
La oficina de Kuryshko expresa el alcance de esta situación en cifras. Hasta diciembre de 2025, al menos 53.000 habitantes de la península habían sido reclutados por el ejército ruso y aproximadamente 21.000 crimeos habían firmado contratos militares desde 2022.

La cadena que conecta el adoctrinamiento juvenil en Crimea con la participación en la guerra contra Ucrania. (Ilustración: UNITED24 Media).
La proporción de crimeos entre todos los reclutas rusos también revela una tendencia. Mientras que en 2015 representaban menos del 0,5 %, para fechas posteriores habían aumentado hasta aproximadamente el 2 %. Según Kuryshko, esto demuestra que Rusia está recurriendo deliberadamente a la población de un territorio ocupado, una práctica prohibida por los Convenios de Ginebra. A partir de 2026, Rusia está pasando de realizar dos convocatorias anuales de reclutamiento a un sistema de conscripción durante todo el año.
Negarse a cumplir el servicio militar también puede ser objeto de persecución penal. La oficina de Kuryshko ha contabilizado 625 procesos judiciales por evasión del servicio militar; la mitad se inició después de febrero de 2022 y 570 personas han sido condenadas, la mayoría a multas, penas suspendidas o trabajos forzados. Los tártaros de Crimea representan aproximadamente el 30 % de los condenados, pese a constituir alrededor del 15 % de la población, señala Kuryshko.
En conjunto, las políticas educativas y el reclutamiento militar posterior han despertado la atención internacional. En julio de 2026, una misión de expertos del Mecanismo de Moscú de la OSCE concluyó que la militarización y el adoctrinamiento de los niños ucranianos por parte de Rusia constituyen una política estatal sistemática que podría equivaler a un crimen contra la humanidad.
La sociedad que Rusia ha construido
Si se consideran todos estos elementos en conjunto, la Crimea ocupada se parece menos a una región fortificada que a una sociedad de guarnición diseñada deliberadamente. Alrededor de 200 escuelas han cambiado de nombre en el marco de un proyecto que rinde homenaje a figuras militares rusas y soviéticas. Las empresas privadas han sido desplazadas en gran medida por los subsidios federales, mientras que la economía turística que alguna vez definió a la península ahora está al servicio de las nóminas militares.
La transformación física —hospitales preparados para la guerra, playas fortificadas y reservas naturales entregadas a los militares— es una historia que UNITED24 Media ya ha contado a través de los testimonios de la representante permanente de Ucrania en Crimea. El tema de este artículo es aquello sobre lo que descansa esa transformación: las personas que han sido trasladadas para sostenerla.
Esto es lo que diferencia a Crimea de una base militar. Las bases pueden desmantelarse. Rusia ha dedicado doce años a construir algo mucho más difícil de revertir: una población cuyos hogares, salarios y posición social dependen de la ocupación, y una generación de niños que ha crecido dentro de ese sistema.
Sin embargo, lo que Moscú ha comprado podría ser tan duradero como los pagos que lo hicieron posible. El movimiento partisano Atesh informó en junio de 2026 que, bajo la presión de los ataques ucranianos, oficiales de la Flota rusa del Mar Negro estaban trasladando discretamente a sus familias desde Crimea hacia Novorossiysk, una ciudad portuaria rusa situada al otro lado del mar Negro, y vendiendo sus propiedades sin esperar órdenes.
Chubarov es más prudente: todavía no se ha producido un éxodo masivo, afirma, pero sí existe una preocupación que los colonos ya comentan abiertamente. Doce años después, la población que Rusia trasladó para convertir Crimea en una parte permanente de su territorio está empezando a mirar hacia las salidas.
Nota
(1) Eufemismo oficial utilizado por Rusia para referirse a su guerra contra Ucrania. «SVO» corresponde a la expresión rusa spetsialnaya voyennaya operatsiya («operación militar especial»), término que el Kremlin exige utilizar en lugar de «guerra», palabra cuyo uso en los medios estatales y en el discurso público está prohibido desde la invasión a gran escala de 2022.

