Hawar, el corazón espiritual de la fe kakai

por | Oct 29, 2026 | Lenguaje, Portada | 0 Comentarios

Los miembros de la minoría religiosa kakai del Kurdistán iraquí interpretan música durante la celebración del «Día de la Generosidad» en la ciudad kurdo-iraquí de Halabja, el 18 de abril de 2025. (Foto: Safin Hamid / AFP).

Por Diary Marif es un escritor y periodista independiente radicado en Vancouver. Tiene una maestría en historia de la Universidad de Pune, India, 2013. Recibió una Mención Honorífica para el Premio Susan Crean de No Ficción 2022.

Publicado originalmente por The Amargi https://www.theamargi.com/posts/hawar-the-spiritual-heart-of-the-kakai-faith

En la aldea montañosa de Hawar, situada a unos 15 kilómetros al noreste de la provincia de Halabja, en la Región del Kurdistán de Irak (RKI), se está recuperando una antigua tradición que consiste en compartir productos lácteos con las familias necesitadas. Conocida como el Día de la Generosidad (Roji Bakhshin), esta costumbre forma parte de los esfuerzos de los activistas kakai locales por preservar su patrimonio cultural.

Hawar ocupa también un lugar central en la fe kakai en Irak. Creyentes de distintas partes del país viajan hasta allí para visitar sus santuarios sagrados, rendir culto, practicar el dhikr (recitación o canto espiritual) y participar en ceremonias y festividades religiosas. La aldea es, además, una puerta de acceso a Perdiwar, un lugar sagrado situado en el vecino Kurdistán iraní que los kakai consideran su qibla espiritual, es decir, su dirección de oración.

Asy Faeeq, director de la Organización Kakai Shinrwe para el Desarrollo Humano, habló con The Amargi sobre la importancia de Hawar para su comunidad. Nacido en la aldea, Faeeq la describió como la cuna de su fe.

«Esta zona fue la cuna donde surgió, se difundió y se preservó la fe kakai, ya que su geografía montañosa ofreció protección y permitió la supervivencia de la religión kakai», afirmó.

Una de las iniciativas de la organización consiste en preservar los rituales y las tradiciones kakai mediante la recuperación de antiguas ceremonias, entre ellas el Día de la Generosidad (Roji Bakhshin), también conocido como el Castillo del Yogur (Masti Qalate), que antiguamente se celebraba en Hawar. «Durante los últimos años, nuestros jóvenes voluntarios y el consejo de la aldea han recuperado y mantenido viva esta tradición», explicó Faeeq.

Según relató, la ceremonia nació como una forma de ayudar a las familias que no tenían ganado. A mediados de la primavera, entre el 15 y el 20 de abril, las familias que poseían animales reunían durante tres días consecutivos sus productos lácteos —leche, yogur, mantequilla y suero de leche— para distribuirlos entre los hogares necesitados.

«Llevaban el yogur y otros productos lácteos a una antigua fortaleza de piedra conocida como el Castillo (Qalat), de donde procede el nombre Masti Qalate. Las familias necesitadas acudían con ollas y recipientes para recoger yogur y mantequilla clarificada», señaló.

La tradición continúa vigente y hoy incluye otras formas de solidaridad comunitaria, además de las donaciones de productos lácteos. «Seguimos distribuyendo productos lácteos, pero también hemos incorporado comidas comunitarias, té, refrigerios y platos tradicionales kurdos. Con esta celebración queremos demostrar que la generosidad es una parte fundamental de nuestro patrimonio religioso kakai», afirmó Faeeq.

La fe kakai recibe distintas denominaciones. En el Kurdistán iraní se conoce como yarasaní, mientras que otro de sus nombres es Ahl-e Haq. No existen estadísticas precisas sobre el número de miembros de esta comunidad, ni en Irak ni en Irán.

En una entrevista con The Amargi, Manzar Ali, un creyente kakai familiarizado con la historia de la religión, estimó que la población kakai de Irak oscila entre 150.000 y 200.000 personas, aunque la comunidad no está registrada como un grupo religioso independiente.

Miembros de la minoría religiosa kakai del Kurdistán iraquí se reúnen para celebrar el «Día de la Generosidad» en la ciudad kurdo-iraquí de Halabja, el 18 de abril de 2025. (Foto: Safin Hamid / AFP).

Ali describió Hawar como uno de los asentamientos más antiguos de la región. Los hallazgos arqueológicos, entre ellos restos humanos encontrados en tumbas antiguas y huesos conservados en urnas de cerámica, sugieren que en la zona vivieron personas vinculadas a creencias zoroástricas. En la tradición zoroástrica, los difuntos no eran enterrados directamente en la tierra, sino que recibían un tratamiento funerario particular.

Ali también señaló que en Hawar se encontró un sello antiguo datado aproximadamente en el año 500 a. C., prueba de la presencia humana en la zona desde tiempos remotos. Las ruinas de la antigua fortaleza de Hawar indican que la aldea estuvo asentada originalmente en ese lugar antes de trasladarse a su emplazamiento actual.

Según explicó, durante el emirato de Ardalan (1169-1867), varios príncipes gobernaron la antigua Hawar, Hawar y los territorios circundantes, vinculándolos con las regiones de Hawraman y Sharazoor.

La aldea fue destruida durante el régimen baazista, como consecuencia de su política de reubicar a los habitantes de las poblaciones fronterizas del Kurdistán iraquí. Ali describió el desplazamiento como un duro golpe para Hawar y su comunidad. Entre 2001 y 2003, miembros de Jund al-Islam («Soldados del islam»), organización que posteriormente pasó a conocerse como Ansar al-Islam, también impidieron que los kakai regresaran a vivir en la aldea.

El grupo perseguía a quienes no compartían su ideología, incluidos los musulmanes sufíes que vivían en las zonas bajo su control. Entre los lugares afectados se encontraba la histórica khanqah de Byara, un antiguo centro de enseñanza y práctica espiritual sufí.

Estos acontecimientos dejaron Hawar deshabitada. Aunque, según se informa, todavía quedan unas 50 casas en pie, todas permanecen vacías. En los últimos años, Faeeq y otros activistas han trabajado para preservar el patrimonio de la aldea, pese a la falta de servicios básicos, como una escuela o un centro de salud.

Faeeq explicó que su organización organiza talleres y otras actividades para transmitir a las generaciones más jóvenes la historia de la convivencia entre los kakai y las demás comunidades religiosas de la región. Según señaló, estos grupos han vivido unos junto a otros durante siglos sin grandes conflictos de carácter religioso.

La organización también trabaja para estrechar los vínculos entre distintas comunidades religiosas, especialmente con los yazidíes de Sinjar (Shingal). Hace dos años, en colaboración con una organización local, entregó 5.000 plantones de granado procedentes de Halabja para que fueran distribuidos entre la comunidad de Sinjar.

Fe, igualdad y convivencia pacífica

En Hawar y en otras zonas de Halabja y de Irak, las tradiciones religiosas kakai siguen siendo una parte fundamental de la identidad comunitaria. Ali explicó algunas de las condiciones para participar en las ceremonias religiosas. En el caso de los hombres, llevar bigote constituye un rasgo esencial de la identidad religiosa. «Quienes no lo llevan no pueden participar en las reuniones religiosas ni en las ceremonias», afirmó.

También señaló que la fe rechaza la poligamia y concede especial importancia a la igualdad en el matrimonio. La oración sagrada que se utiliza en las ceremonias matrimoniales se inspira en la historia de Adán y Eva y refleja la creencia de que el matrimonio une a un hombre y una mujer.

«El ser humano ocupa un lugar central en nuestra fe. El alma es la verdadera esencia, no el aspecto físico. A una mujer no se la juzga por su apariencia exterior, sino por su alma», afirmó Ali.

El Saranjam, el libro sagrado de la fe kakai, constituye otro elemento central del patrimonio religioso de la comunidad. Ali explicó que el texto se conserva entre los eruditos religiosos y las personas dedicadas al conocimiento espiritual, en lugar de exhibirse abiertamente en los santuarios.

«Este libro no debe circular de manera indiscriminada fuera de la comunidad, entre personas que no sean yarasaníes o que no hayan sido iniciadas en la fe», señaló.

Para Faeeq, preservar el patrimonio kakai también significa transmitir a las generaciones más jóvenes una historia de convivencia. La Organización Kakai Shinrwe para el Desarrollo Humano aspira a proteger la identidad cultural e intelectual de la comunidad en Halabja y, al mismo tiempo, dar a conocer sus tradiciones a un público más amplio. Mediante talleres, actividades culturales y espacios de diálogo, la organización busca promover los derechos de las minorías y fortalecer los vínculos entre las comunidades religiosas de la región.

«Aunque seguimos una tradición religiosa particular y tenemos nuestras propias costumbres, ante todo somos kurdos», afirmó Faeeq.

Describió Halabja como un lugar donde personas de distintas confesiones han convivido durante generaciones. Aunque en ocasiones se ha intentado instrumentalizar las diferencias religiosas con fines políticos, sostuvo que las relaciones entre las comunidades han estado marcadas, en gran medida, por el respeto mutuo y la vida compartida.

«A lo largo de la historia de esta región nunca ha habido enfrentamientos sectarios ni conflictos entre comunidades motivados por diferencias religiosas», afirmó Faeeq. «Halabja sigue siendo un verdadero hogar para todos nosotros, definido por una larga y duradera historia de convivencia».

Para Faeeq y los demás activistas kakai, preservar Hawar significa mucho más que proteger una aldea abandonada o recuperar antiguas ceremonias. Significa también salvaguardar las tradiciones religiosas heredadas de sus antepasados, transmitir sus valores a las generaciones futuras y mantener viva la tradición de convivir con personas de distintas creencias. Sus esfuerzos expresan la esperanza de que el pasado de Hawar siga contribuyendo a construir un futuro basado en la preservación cultural, el respeto mutuo y la convivencia pacífica.