En esta ocasión entrevisté a Nathalie Clayer co editora del libro Les Balkans contemporains (CNRS Editions, 2026) en donde, junto a Fabio Giomi, nos ofrece una síntesis que expone los últimos avances de las ciencias sociales sobre esta macrorregión y ofrece una nueva mirada a las sociedades balcánicas.
Clayer también es co autora de Europe’s Balkan Muslims: A New History (con Xavier Bougarel, 2018) y Conflicting Loyalties in the Balkans: The Great Powers, the Ottoman Empire and Nation-Building (coeditado con Hannes Grandits y Robert Pichler, 2011), entre otras obras especializadas en los Balcanes.

Manuel Férez- Tu libro cuestiona varias representaciones habituales de los Balcanes: como un «polvorín», una región fragmentada o un espacio periférico dependiente de Occidente. ¿Por qué consideraste necesario replantear estas narrativas precisamente en este momento?
Nathalie Clayer- En Francia y, más generalmente, en Europa, existe un interés real por los Balcanes desde la década de 1990, especialmente a raíz de las guerras en la antigua Yugoslavia. Más tarde, la crisis económica que afectó duramente a Grecia desde 2008 también dirigió la atención hacia esta región. Desde entonces, el desarrollo del turismo ha contribuido igualmente a alimentar ese interés y, hoy, por razones políticas, el proceso de ampliación de la Unión Europea —iniciado ya en la década de 2000— ha cobrado, en cierto modo, nuevo impulso. Sin embargo, pese al interés que suscita la región, tanto entre los Estados como entre las personas, constatamos que los estereotipos sobre el sudeste europeo o los Balcanes siguen muy arraigados y persisten. Por eso nos parecía importante proponer otra lectura de la trayectoria de esta región, desde el siglo XIX hasta nuestros días.

MF- Presentas los Balcanes como una región de fronteras cambiantes y múltiples circulaciones. ¿Cómo modifica este enfoque nuestra manera de entender la relación entre fronteras, identidades y comunidades políticas en el sudeste europeo?
NC- La cuestión de qué son exactamente los Balcanes o el sudeste europeo desde el punto de vista geográfico ha sido objeto de numerosos debates, sobre todo en la comunidad académica y, en particular, en los países germanoparlantes —Alemania y Austria—: se ha discutido si se trata de una región definida históricamente o a partir de características más políticas o geográficas. Sin embargo, existen otros enfoques que parten de la idea de que delimitar esta región, integrada por cierto número de países —aunque ese número haya variado según el periodo—, supone encerrarla artificialmente y dejar de lado unas circulaciones sumamente importantes: de ideas, de personas y de bienes. Nos situamos así en la línea de colegas como Ulf Brunnbauer o Béatrice von Hirschhausen, para quienes son los fenómenos y las estructuras sociales los que definen el espacio pertinente para el análisis, y no al revés.
En este libro, organizado temáticamente, cada asunto —las estructuras familiares, los imperios, las prácticas políticas, la música o las relaciones de género, entre otros— determina el espacio que debe tomarse en consideración. Según los objetos estudiados, los autores y las autoras iluminan las trayectorias de la región a través de sus relaciones con el resto del continente, sus continuidades con los antiguos espacios imperiales o su inserción en un mundo cada vez más conectado. De este modo, se aprecian mejor dinámicas que ya no son exclusivamente nacionales o balcánicas, y se observa cómo los procesos políticos, económicos y sociales son, en realidad, el resultado de dinámicas que pueden ser muy locales, pero también, en cierto sentido, translocales e incluso transnacionales.
MF- El libro reúne temas tan diversos como la lengua, la agricultura, las ciudades, el género, la religión, la acción colectiva, la guerra, la literatura y la memoria. ¿Qué permite ver este enfoque temático, en lugar de estrictamente nacional, que los análisis convencionales país por país suelen pasar por alto?
NC- Además de adoptar un enfoque que evita delimitar la región de antemano, también procuramos no quedar atrapados en un prisma nacional. Por eso decidimos no organizar el libro país por país ni, tampoco, periodo por periodo, sino en torno a distintos temas. No obstante, consideramos que algunos asuntos —como la geografía, las lenguas y los imperios— debían abordarse, o al menos examinarse, a lo largo de un periodo más extenso. Lo mismo ocurre con la demografía, las estructuras familiares y el pastoreo. La mayoría de los demás temas se estudian en una perspectiva de duración media, aproximadamente durante los siglos XIX y XX. En esos casos, correspondía a los autores y las autoras de cada capítulo determinar el periodo preciso necesario para explicar las transformaciones, ya fueran de carácter más político, económico, social o cultural. En una última parte, decidimos centrarnos en temas importantes para comprender lo que denominamos el «tiempo presente», es decir, el periodo que comienza con la caída de los regímenes comunistas, a finales de los años ochenta y principios de los noventa, y llega hasta nuestros días.

MF- Las categorías nacionales y étnicas han desempeñado tradicionalmente un papel central en el estudio de los Balcanes. ¿Hasta qué punto siguen ayudándonos a comprender la región y cuándo pueden convertirse en un obstáculo para entender su complejidad social y política?
NC- Es cierto que las categorías nacionales y étnicas se han utilizado reiteradamente para explicar la región, las guerras, la violencia, la construcción de los Estados, etcétera. Nosotros hemos optado por otro enfoque. Por supuesto, hay un capítulo titulado «Nación», que, además, muestra hasta qué punto el Estado-nación y el imperio están mucho más entrelazados de lo que solemos pensar.
En realidad, si nos limitamos a pensar en términos de categorías étnicas y nacionales, dejamos de lado otros elementos que estructuran las sociedades con una importancia similar y rigen los mecanismos sociopolíticos: por ejemplo, las generaciones, la clase y la estratificación social, el género o la distinción entre lo urbano y lo rural, por no hablar de las intersecciones entre estas distintas categorías, que además evolucionan con el tiempo. Asimismo, para ir más allá de la cuestión de la nacionalización, quisimos reflexionar sobre la politización, las prácticas políticas y también la acción colectiva en las sociedades balcánicas. Por tanto, estas categorías étnicas y nacionales deben entenderse como construcciones que operan en relación con otras categorías sociales y que se encuentran en el centro de políticas o movilizaciones de diversa índole.
MF- El libro subraya la importancia tanto de los legados imperiales como de las experiencias socialistas y postsocialistas. ¿Cómo debemos entender la relación entre estas distintas capas históricas a la hora de explicar la configuración de las sociedades balcánicas contemporáneas?
NC- El libro tampoco sigue una estructura estrictamente cronológica. Esto permite destacar mejor las fases de conflicto que fueron determinantes para la transformación de las sociedades balcánicas. Conviene recordar, por ejemplo, que en los Balcanes la Primera Guerra Mundial no se limita al periodo 1914-1918: hay que considerar toda una década de guerras que comienza con las guerras balcánicas de 1912-1913 y solo concluye en 1922-1923, con la guerra greco-turca, el Tratado de Lausana y el intercambio de población entre Grecia y Turquía. Del mismo modo, la Segunda Guerra Mundial también se prolonga, en la práctica, durante una década, desde 1939 hasta 1949, cuando termina la guerra civil griega.
No establecer fronteras cronológicas rígidas permite apreciar mejor las continuidades y las rupturas, y cuestionar especialmente la idea de una «transición»: del imperio al Estado-nación, de los regímenes de entreguerras a los regímenes comunistas o del régimen comunista a la democracia liberal. Como señalas, los enfoques temáticos que abarcan periodos de duración media permiten percibir mejor las sucesivas capas que se superponen y, al mismo tiempo, se alteran o modifican para dar forma a la «materia» social y política de la región —como sucede también en otras regiones—. Así podemos analizar las transformaciones, en lugar de las transiciones.

MF- Varios de los procesos que examinam —la migración, el deterioro de las normas democráticas, los desafíos medioambientales y los cambios en las estructuras sociales— van mucho más allá del sudeste europeo. ¿Qué pueden enseñarnos los Balcanes sobre las transformaciones más amplias que tienen lugar hoy en Europa?
NC- En particular, en la última parte, que titulamos «El tiempo presente», decidimos estudiar fenómenos como las migraciones, las nuevas estratificaciones sociales, la memoria y el medioambiente. Estos capítulos muestran que las sociedades balcánicas también evolucionan conforme a dinámicas globales, que a veces resultan más visibles allí que en otros lugares. Por ejemplo, sería ilusorio clasificar los regímenes en dos categorías opuestas —democracia por un lado y autoritarismo por otro—, pues vemos que los repertorios de acción política pueden recurrir a prácticas asociadas con ambos. La cuestión migratoria también es compleja: incluye una importante ola de emigración desde la región, pero también movimientos migratorios hacia ella e incluso a través de ella —de ahí la conocida «ruta de los Balcanes», que provocó una crisis en 2015—. A esto se suma la externalización de las políticas migratorias europeas en la región, que convierte a los Balcanes en una periferia operativa de la política migratoria europea…
MF- El volumen reúne a distintas generaciones, disciplinas y perspectivas académicas. ¿Cómo abordaron el desafío de construir una interpretación coherente de los Balcanes sin perder esa diversidad de enfoques?
NC- En efecto, la obra reúne a más de cuarenta autores y autoras que contribuyeron a escribir 36 capítulos temáticos. Proceden de distintas disciplinas: historia, geografía, antropología, sociología, ciencia política, etcétera. También vienen de distintos países, aunque al principio la idea era reunir a colegas que trabajaran sobre la región, sobre todo desde Francia o, más ampliamente, desde el ámbito francófono. Para construir una obra coherente, primero reflexionamos sobre su estructura; en esa etapa inicial también participó Xavier Bougarel, junto con un pequeño grupo de colegas. Fue entonces cuando nos pareció interesante adoptar un enfoque temático. Elaboramos tanto la lista de temas como la de posibles autores y autoras, y les explicamos qué esperábamos de sus contribuciones: por una parte, ofrecer una puesta al día de las investigaciones más recientes y, por otra, destacar ideas importantes en torno a cada tema. Durante el segundo año —¡el proceso duró seis años!— organizamos un seminario en el que cada participante, individualmente o en pareja —muchos capítulos están escritos a cuatro manos—, presentaba un esquema detallado del capítulo y lo discutía con los demás colaboradores. En la posterior labor editorial no se trataba de homogeneizar los enfoques. Al contrario, era importante preservar cierta diversidad para mostrar también las distintas maneras de estudiar esta región y sus transformaciones en la época contemporánea.
MF- Por último, ¿Qué esperan que los lectores se lleven del libro sobre los Balcanes que se diferencie más claramente de las imágenes que todavía dominan el discurso público y político sobre la región?
NC- Esperamos que los lectores vean los Balcanes como una región que forma parte de distintos espacios: el europeo, pero también el de Oriente Próximo y el mediterráneo. En el cruce de esos espacios se han desarrollado, y siguen desarrollándose, dinámicas híbridas y originales. En cualquier caso, no se puede esencializar ni exotizar la región. Si ha habido violencia, a menudo ha sido más «europea» que «balcánica», y eso no ha impedido el rechazo de la violencia ni la aparición de formas de solidaridad. Si existe fragmentación —la famosa «balcanización»—, también hay recomposición.

