El caso de la ministra sueca-palestina que llevó la Estrella de David y el insulto que reveló una lógica peligrosa
«Todo individuo es punto de encuentro de muchas lealtades diferentes».
Amin Maalouf
Hay una forma sutil y cada vez más extendida de control político: convertir el origen familiar o étnico en un examen de lealtad. Quien se desvía de las solidaridades que se le atribuyen por nacimiento puede ser acusado de traición. Un episodio ocurrido en Suecia en agosto de 2026 ilustra con claridad esta lógica.

Simona Mohamsson
El 18 de agosto de 2026, durante un debate de líderes de partido organizado por Expressen, la política sueca Simona Mohamsson apareció con un colgante de la Estrella de David. El gesto pretendía expresar solidaridad con la minoría judía sueca, marcar distancia frente al antisemitismo y cuestionar a la Izquierda (Vänsterpartiet) por lo que Mohamsson considera su cercanía con Hamas.
La reacción llegó desde Malmö. Valley Ghanem, politóloga, escritora y figura vinculada a proyectos públicos de la ciudad, respondió en Instagram con un insulto de particular densidad identitaria. Calificó a Mohamsson de “ärke-husblatte”, la describió como “miserable en su traición” y “una criatura que se odia a sí misma”, vuelta contra “los suyos”. Después añadió: “må hon brännas”.
La expresión significa “que se queme” o “que sea quemada”. Escrita contra una persona concreta, ministra y líder de partido, después de presentarla como traidora a su propio grupo, no es una simple comentario áspero.
El episodio podría haber quedado como otra disputa política. Pero las biografías de ambas, el significado del insulto y el contexto de Malmö le dan una dimensión mayor. Se trata de dos mujeres suecas, con raíces familiares vinculadas a Palestina y Oriente Medio, que representan maneras profundamente distintas de entender la identidad y las lealtades políticas.
¿Qué significa “ärke-husblatte”?
“Blatte” es un término despectivo del slang sueco, utilizado contra personas de origen inmigrante, especialmente de Oriente Medio o norte de África. Aunque su uso puede variar según el contexto, conserva una clara carga étnica cuando se emplea como insulto.
“Husblatte” añade la idea de alguien perteneciente a una minoría que se habría acomodado demasiado al grupo dominante y habría adoptado sus valores o lealtades en perjuicio de “los suyos”. El prefijo “ärke-” intensifica la expresión. “Ärke-husblatte” puede entenderse, por tanto, como una acusación extrema contra una persona considerada una “archi-asimilada” o una traidora a las lealtades esperadas de su comunidad.
Ahí reside su importancia política. El insulto presupone que determinados orígenes familiares deberían producir determinadas solidaridades. Sugiere que una mujer de origen palestino no puede apoyar públicamente a los judíos, denunciar el antisemitismo, criticar a Hamas o llevar una Estrella de David sin ser presentada como traidora.
Dos suecas y unas raíces atravesadas por Oriente Medio
Conviene describir a ambas como lo que son en la esfera pública: figuras suecas. Sin embargo, sus historias familiares ayudan a explicar la carga del enfrentamiento.
Simona Mohamsson nació en Hamburgo en 1994 y llegó a Suecia siendo niña. Su padre, Mehsen, es palestino nacido en Haifa y pasó parte de su vida en el campo de refugiados de Nahr al-Bared, en el norte del Líbano. Su madre, Iman, es una libanesa chií nacida en Trípoli. La familia adoptó el apellido Mohamsson —en lugar de Mohammed— para facilitar la integración. Pese a haber crecido en un entorno de trasfondo musulmán, Mohamsson se declara atea. Su trayectoria política liberal expresa una concepción de la ciudadanía en la que el origen familiar no determina posiciones políticas. Llevar una Estrella de David puede entenderse, en ese contexto, como una afirmación de autonomía.
Valley Ghanem representa otra trayectoria. Politóloga y escritora residente en Malmö, ha participado en proyectos públicos contra la islamofobia y ha estado vinculada al proyecto de diálogo judeo-musulmán Amanah. Ghanem se presenta explícitamente como “Palestinier från Gaza, muslim”: palestina de Gaza y musulmana. Tiene familiares directos en Gaza y su padre estuvo activo en la OLP. Se identifica además como musulmana practicante y ha afirmado que el islam ocupa un lugar prioritario en su identidad. En publicaciones anteriores defendió posiciones favorables al reconocimiento de Hamas.
No se trata de reducir el enfrentamiento a una oposición entre una mujer atea y otra musulmana, pero ambas trayectorias muestran dos maneras distintas de relacionarse con una herencia familiar y con las múltiples identidades que una persona puede reunir.

Sinagoga de Malmö
Una minoría pequeña y el antisemitismo en Malmö
Suecia cuenta con una población judía pequeña. El Consejo Central Judío estima que viven en el país alrededor de 20.000 judíos, de los cuales unos 6.000 pertenecen a congregaciones. Otras estimaciones sitúan el total entre 15.000 y 20.000. En Malmö, la Comunidad Judía cuenta con unos 540 miembros y estimaciones municipales anteriores han situado entre 1.200 y 1.500 las personas con identidad judía en la ciudad.
Por contraste, un estudio de Pew Research Center calculaba unos 810.000 musulmanes en Suecia en 2016, aproximadamente el 8 % de la población de entonces. Para Malmö, con 367.924 habitantes a finales de 2025, se ha utilizado una estimación de alrededor de 50.000 personas con trasfondo musulmán. La ausencia de estadísticas oficiales por religión obliga a tratar estas cifras como estimaciones.
Los números no deciden quién tiene razón en un debate político, pero ayudan a entender el contexto del gesto de Mohamsson. Malmö arrastra desde hace años problemas de antisemitismo y preocupación por la seguridad de su comunidad judía, hasta el punto de que la ciudad ha desarrollado programas específicos junto a sus representantes. Por eso importa qué significa una Estrella de David en este contexto. El símbolo no implica necesariamente una adhesión a cada decisión del gobierno israelí para Mohamsson expresa solidaridad con una minoría vulnerable y una toma de posición contra el antisemitismo.
La respuesta de Ghanem introduce otra lógica: interpretar ese gesto como prueba de una ruptura con “los suyos”. La cuestión deja entonces de ser qué piensa Mohamsson y pasa a ser qué debería pensar debido a su origen.
El gesto de Mohamsson y el doble rasero mediático
La estrella de David de Simona Mohamsson no solo provocó reacciones extremas en redes también ha puesto de relieve un problema más amplio en el debate público sueco: la dificultad para aplicar el mismo criterio cuando el antisemitismo se presenta envuelto en el lenguaje del conflicto de Oriente Medio.
Un ejemplo reciente es el de Elaf Ali, figura consolidada en el establishment mediático sueco (presentadora de Sommar i P1, colaboradora de Sveriges Radio y SVT, columnista en Expressen y SvD Kultur). Ali comparó la bandera israelí con la esvástica. La definición de trabajo de la IHRA sobre el antisemitismo —a la que Suecia se ha adherido— señala expresamente que comparar la política contemporánea de Israel con la de los nazis constituye un ejemplo de antisemitismo.
El silencio o la tibieza con la que suelen recibirse este tipo de intervenciones revela un doble rasero. Quien expresa estereotipos racistas abiertos es, con razón, duramente criticado pero cuando concepciones antisemitas se presentan como “reacción a Israel” o como una perspectiva legítima sobre el conflicto, las reglas parecen cambiar. El odio se reconvierte entonces en “opinión” o en “crítica política”. El antisemitismo no deja de serlo porque la palabra “Israel” aparezca en la frase y el gesto de Mohamsson pretendía ser una señal contra este fenómeno. Las reacciones que ha generado se han convertido en una ilustración más contundente de por qué esa señal era necesaria.

Simona Mohamsson y Valley Ghanem
“Que sea quemada”
La frase “må hon brännas” es el punto en el que la polémica deja de ser simplemente un intercambio de insultos. Su significado es directo: “que se queme” o “que sea quemada”. Ghanem no escribió esas palabras en una discusión abstracta sobre Gaza, las dirigió contra Mohamsson después de presentarla como despreciable, traidora y vuelta contra “los suyos”. Primero se cuestionan sus lealtades; después se expresa el deseo de que sea quemada.
Dicho sin eufemismos: una figura pública sueca escribió sobre una ministra y líder de partido que debía “ser quemada”. Posteriormente, Ghanem calificó el comentario de “innecesario” y sostuvo que pensaba en los niños que, según sus palabras, son quemados vivos en Gaza, también dijo que no pretendía que Mohamsson fuera quemada “en sentido terrenal”. Esa explicación permite conocer cómo quiso interpretar posteriormente sus palabras, pero no modifica lo que escribió.
No estamos ante una crítica dura ni simplemente ante un insulto brutal, estamos ante una expresión dirigida contra una persona identificable que formula un deseo explícito de violencia contra ella. En el contexto en que Mohamsson ya había sido presentada como traidora, adquiere además una evidente lógica de castigo.
El problema de las lealtades obligatorias
Aquí se encuentra el núcleo del escándalo. “Ärke-husblatte” no es simplemente un insulto personal es una forma de vigilancia identitaria: establece una frontera entre quienes son considerados miembros legítimos de un grupo y quienes son expulsados simbólicamente de él por sus posiciones políticas.
Mohamsson puede ser sueca y de origen palestino-libanés, puede ser atea, criticar a Hamas, condenar el antisemitismo y llevar una Estrella de David. Todas esas identidades y decisiones coexisten en ella. La acusación de “husblatte”, en cambio, parte de la idea de que esa combinación es ilegítima. Su origen debería obligarla a determinadas solidaridades y excluir otras. Es precisamente esa reducción la que Amin Maalouf cuestionaba al describir la identidad como el resultado de múltiples pertenencias, ninguna de las cuales agota por sí sola a una persona.
Existe además una paradoja difícil de ignorar. Ghanem ha participado en iniciativas contra la islamofobia y en proyectos de diálogo entre judíos y musulmanes. Combatir la discriminación contra una minoría debería implicar reconocer que ninguna persona puede ser reducida a una identidad obligatoria. La misma lógica debería proteger también a Mohamsson.
El debate sobre Gaza, Israel, Palestina y Hamas es legítimo y necesario, pero una democracia pierde algo esencial cuando el origen familiar se transforma en un examen de lealtad política. El caso de Malmö revela esa tensión. Dos figuras públicas suecas, con historias familiares relacionadas con Palestina y Oriente Medio, llegan a posiciones profundamente distintas. Una afirma la posibilidad de conservar su origen sin quedar políticamente atrapada en él. La otra interpreta esa divergencia como una ruptura con una solidaridad que debería mantenerse.
El episodio revela hasta qué punto los conflictos e identidades de Oriente Medio continúan proyectándose sobre la esfera pública europea. También plantea una pregunta incómoda para Suecia: ¿puede una sociedad defender con la misma coherencia a todas sus minorías cuando el odio se dirige contra los judíos?
La integración democrática debería significar que nadie está obligado a pensar según su apellido, religión, origen familiar o ascendencia. La Estrella de David de Mohamsson y el “ärke-husblatte” de Ghanem representan, finalmente, dos ideas opuestas de ciudadanía. Una defiende la posibilidad de que las solidaridades políticas crucen las fronteras de origen. La otra utiliza el origen para vigilar y castigar a quien las cruza.
En Malmö, donde la comunidad judía constituye una minoría pequeña y el antisemitismo lleva años siendo motivo de preocupación, la diferencia entre ambas ideas no es simplemente semántica. Es profundamente política.
