Los artistas que se niegan a dejar que se olvide la masacre de Suwayda

por | Jul 31, 2026 | Lenguaje, Portada | 0 Comentarios

Por Soha Ezzi*

Publicado originalmente por The Amargi https://www.theamargi.com/posts/the-artists-who-refuse-to-let-suwaydas-massacre-be-forgotten

Cuando comenzaron las masacres de 2025 en Suwayda, en el sur de Siria, el documentalista Kinan Hilal se encontraba atrapado en Damasco, a menos de cien kilómetros de su hogar en Suwayda. Antes de perder el contacto con su familia, recibió una llamada de su madre, quien le comunicó que las fuerzas gubernamentales habían matado a su hermana pequeña, Ghina, y a otros parientes. Los canales oficiales seguían negando los informes locales y los testimonios sobre asesinatos y abusos de carácter sectario.

«A veces pienso en la paradoja entre la vida que tenía Ghina y la forma en que esta terminó», declaró Hilal en una entrevista con The Amargi. «Aunque nació en plena guerra, ella vivió en un mundo pacífico que construimos para ella. No conoció la violencia hasta que la violencia llegó hasta ella».

En julio del año pasado, Suwayda fue escenario de violencia sectaria constitutiva de crímenes de guerra, cuando las fuerzas del gobierno de transición sirio entraron en la ciudad y en las localidades circundantes para restablecer el control del gobierno central. Esto ocurrió tras meses de enfrentamientos locales y crecientes tensiones entre los líderes drusos de Suwayda y las autoridades de transición de Siria en torno a la gobernanza local, los dispositivos de seguridad y la representación política.

Al evaluar las hostilidades, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre Siria documentó la muerte de al menos 1.707 personas, entre ellas 1.190 hombres, 99 mujeres y 53 niños de la comunidad drusa. Asimismo, informó sobre el desplazamiento forzoso de cerca de 200.000 personas y constató que casi todas las viviendas de 35 aldeas de mayoría drusa, situadas en las zonas rurales del norte y el oeste de Suwayda, resultaron dañadas, saqueadas o incendiadas.

Documentar a través de la imagen

Las carreteras quedaron bloqueadas durante las masacres, lo que impidió que el propio Hilal cruzara las líneas del frente. Ante la impotencia de la situación, logró hacer llegar una cámara a su compañera Nour, una superviviente que se encontraba en Suwayda. Ella comenzó a filmar lo que ocurría a su alrededor y a compartir las imágenes con Hilal.

«Al principio, no había intención de hacer un documental, pero la cámara captó mucho más de lo que jamás habría imaginado», comentó Hilal. Ambos pronto comprendieron la importancia de aquel archivo, que crecía rápidamente, y siguieron grabando mientras la comunidad comenzaba a reconstruir sus vidas tras las atrocidades.

Para Hilal, filmar no puede devolverle a su hermana ni hacer justicia a la comunidad, pero sí puede mantener viva su memoria. «No quiero que el mundo recuerde a las víctimas solo por la forma en que murieron, sino por las vidas que vivieron», afirmó. «Filmar nos recuerda que, detrás de cada fotografía y de cada cifra de víctimas, había una persona con familia, hogar y una vida que no puede reducirse al día en que terminó».

Un año después, la responsabilidad de transmitir las historias de cientos de familias afligidas pesa enormemente sobre Hilal, pero él está decidido a terminar y estrenar el documental.

Recordar a través del arte

En Shahba, más al norte, se llevaban a cabo otras iniciativas creativas para preservar la memoria colectiva. The Amargi conversó con Yarob Nassif, un pintor de la zona rural del norte de Suwayda. Él se preparaba para su primera exposición individual cuando se produjeron las masacres. En los meses siguientes, centró sus esfuerzos en ayudar a las familias desplazadas, recorriendo los refugios y participando en las iniciativas locales de defensa de la ciudad.

Nassif recordó haber acompañado a las familias de regreso a sus hogares incendiados y saqueados. Para muchos, las fotografías en sus teléfonos eran el único testimonio que les quedaba de sus vidas anteriores. «Quería que la gente fuera de Suwayda viera lo que había sucedido, pero documentar las violaciones no bastaba por sí solo para que se escucharan las historias de las personas», dijo Nassif. «Sentía que había algo más que solo mi arte podía expresar».

Nassif comenzó a recoger cenizas de las casas incendiadas de las familias y a incorporarlas a sus obras. La ceniza pasó a formar parte de cada cuadro, vinculando cada historia con el hogar del que procedía. «La ceniza se convirtió en un lenguaje que trascendía las palabras. Contenía aquello que la gente había decidido preservar y lo que había perdido», afirmó.

Las obras se expusieron recientemente en Estados Unidos con el apoyo de artistas drusos de la diáspora. Nassif tiene la intención de destinar toda la recaudación de la venta de las obras a las familias cuyas casas fueron destruidas.

Esfuerzos colectivos para proteger y conectar

El Colectivo Habaq (Albahaca) nació como una plataforma independiente destinada a visibilizar el talento local y conectar a las personas dentro de Siria con la diáspora. Surgió de una comunidad de artistas, cineastas, fotógrafos, músicos e investigadores que se unieron tras la caída de Asad, con la esperanza de que el arte y la cultura tuvieran un lugar en la nueva Siria.

Tras las masacres, la misión de Habaq cobró mayor claridad. «Nos dimos cuenta de que proteger a la comunidad también significaba proteger los espacios que mantenían a las personas conectadas con su identidad, su patrimonio y su memoria», declaró a The Amargi Maxim Abu Diab, artista y cofundador de Habaq.

Mientras a los periodistas internacionales les resultaba difícil acceder a la gobernación, el colectivo los ponía en contacto con testigos locales y verificaba información y material visual, permitiendo así que los reportajes desde el interior de Suwayda llegaran a personas fuera de la zona bajo asedio. Si bien algunos miembros se sumaron a iniciativas humanitarias a título individual, Habaq aportó documentación y apoyo mediático, conectando a la ciudad con el mundo exterior.

El colectivo organizó espacios creativos y encuentros comunitarios, reactivando las representaciones teatrales y musicales. Su división de medios colaboró ​​con los supervivientes para redactar y publicar sus propias historias —preservando así relatos que de otro modo se habrían perdido—, mientras que el centro de análisis de Habaq se ocupaba de la investigación y el estudio de la situación.

«La violencia cambió Suwayda para siempre», afirmó Abu Diab. «Pero su historia no trata solo de lo que fue destruido; también habla de una comunidad que se organizó y sigue dando forma a lo que está por venir».

En toda Suwayda, artistas, cineastas y grupos comunitarios documentan la violencia, preservan la memoria colectiva y se organizan para apoyar a los supervivientes y a las familias desplazadas. Su labor también genera un registro que permite exigir responsabilidades, al tiempo que garantiza que la historia de la comunidad no se reduzca a simples cifras de víctimas.

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* Cineasta, activista civil y periodista independiente radicado en Damasco, Siria.