Los países del Báltico en la seguridad y autonomía estratégica europea ante la amenaza rusa. Entrevista a Giedrius Cesnakas

por | Mar 27, 2026 | Entrevistas, Portada | 0 Comentarios

En esta ocasión entrevisté a Giedrius Cesnakas,  Doctor en Filosofía, Director General en la Academia Militar Jonas Žemaitis de Lituania y autor del libro European Streategic Autonomy and Small States Security: In the Shadow of Power.

Manuel Férez- En tu libro European Strategic Autonomy and Small States’ Security: In the Shadow of Power, en donde analizas la autonomía estratégica europea y la seguridad de los pequeños Estados, analizas cómo la UE puede suponer una oportunidad y un problema para países como los Estados bálticos. ¿Crees que este giro hacia una mayor autonomía europea ha fortalecido, en última instancia, la defensa de Estonia, Letonia y Lituania frente a Rusia o les ha hecho más vulnerables?

Giedrius Cesnakas- Personalmente, no creo que se haya producido un cambio fundamental hacia una auténtica autonomía estratégica europea. Lo que hemos observado, en cambio, es un papel más activo de la Unión Europea en materia de defensa como respuesta a tres acontecimientos: la invasión rusa a gran escala de Ucrania, la presión constante de Estados Unidos sobre los aliados de la OTAN para que aumenten el gasto en defensa y la creciente desconfianza en las relaciones transatlánticas.

La UE también es un actor de seguridad por derecho propio, sobre todo porque el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea incluye una cláusula de asistencia mutua. No obstante, para países como Estonia, Letonia y Lituania, la OTAN sigue siendo la prioridad absoluta y el marco fundamental para la disuasión y la defensa colectiva.

Lo que ha cambiado es que la UE se ha involucrado más en facilitar la cooperación en materia de defensa y el desarrollo de capacidades. La creación de la cartera de Defensa y Espacio de la Comisión Europea y el nombramiento del ex primer ministro lituano Andrius Kubilius como primer comisario reflejan este creciente papel institucional. La UE también cuenta con importantes ventajas en materia de regulación, coordinación y financiación. Iniciativas como SAFE, Preparación 2030 y ReArm Europe ofrecen a los Estados miembros la posibilidad de financiar sus necesidades de defensa y obtener préstamos en condiciones más favorables para inversiones en seguridad y defensa.

Por tanto, no pretendo afirmar que la autonomía estratégica europea haya sustituido a la OTAN ni que haya creado una arquitectura de defensa independiente para los Estados bálticos. Más bien, las iniciativas de la UE han fortalecido la capacidad de los Estados miembros y de los aliados europeos para desarrollar capacidades nacionales y colectivas de defensa. En este sentido, contribuyen a la disuasión y la defensa. No obstante, la seguridad de los países bálticos sigue dependiendo en gran medida de la OTAN y, en particular, del compromiso creíble de Estados Unidos dentro de la Alianza.

MF- Has realizado una extensa investigación sobre las vulnerabilidades energéticas de los países bálticos. Tras los esfuerzos realizados en la última década en materia de terminales de GNL, interconexiones y reducción de la dependencia del gas ruso, ¿Qué amenazas te siguen preocupando, especialmente si Rusia decide recurrir a ataques híbridos?

GC- Los países bálticos se encuentran en una posición mucho más sólida que hace una década. El desarrollo de la infraestructura de GNL, las nuevas interconexiones, los esfuerzos de sincronización y la reducción de la dependencia del gas ruso han disminuido significativamente su dependencia directa de Rusia como proveedor de energía. En este sentido, el principal logro es evidente: Rusia ya no puede utilizar la energía en los países bálticos como instrumento de coerción directa.

No obstante, en los últimos dos años, la región del mar Báltico ha sufrido una serie de ataques híbridos que demuestran la amplitud y adaptabilidad de la amenaza. Se han observado daños en cables eléctricos submarinos y gasoductos, y la suplantación intensiva de GPS cerca de las zonas fronterizas ha generado graves riesgos para la seguridad de la aviación civil y el transporte.

Rusia también puede explotar las vulnerabilidades internas de la sociedad. En Estonia y Letonia, por ejemplo, la presencia de grandes comunidades de habla rusa puede utilizarse para exacerbar las tensiones políticas, manipular la percepción de discriminación o crear pretextos para la injerencia. Lituania, por su parte, se enfrenta a vulnerabilidades específicas debido a su posición geopolítica entre Bielorrusia, la Rusia continental y Kaliningrado. La cuestión del transporte ferroviario de Kaliningrado añade una capa adicional de sensibilidad estratégica.

Los servicios de seguridad lituanos también han informado de casos en los que se ha reclutado a personas de terceros países para llevar a cabo ataques incendiarios o actos de sabotaje contra empresas privadas. Esto demuestra que la actividad híbrida no se limita a los ciberataques o la propaganda, sino que también puede implicar a agentes interpuestos, redes criminales y actos de sabotaje físico encubierto. Al mismo tiempo, los países bálticos siguen sufriendo persistentes campañas de desinformación y la instrumentalización de la historia como herramientas para socavar la confianza pública y la cohesión social.

Por tanto, los países bálticos no solo se enfrentan a una hipotética amenaza híbrida, sino que conviven con ella de forma continua. De ahí la importancia de la resiliencia. El principal desafío no solo consiste en la disuasión, sino también en la capacidad del Estado y de la sociedad para absorber las perturbaciones, mantener las funciones esenciales y responder con rapidez sin permitir que estos ataques provoquen una desestabilización política.

MF- Como experto en política rusa, ¿Cómo percibes la evolución de las tácticas de Rusia en el mar Báltico desde la invasión de Ucrania? ¿Han logrado los Estados bálticos superar esas brechas en su influencia y contrarrestar la narrativa rusa que usted mismo analizó previamente en Lituania?

GC– Las tácticas de influencia rusa en la región báltica se han mantenido prácticamente constantes. Rusia sigue promoviendo la narrativa habitual que presenta a los Estados bálticos como supuestamente «antirrusos», al tiempo que enfatiza la situación de las comunidades de habla rusa en la región. Paralelamente, el mensaje ruso se ha ido orientando cada vez más a presentar a los europeos como los principales instigadores y sustentadores de la guerra «contra Rusia» a través de su apoyo a Ucrania.

En este contexto, los Estados bálticos son objetivos particularmente visibles, ya que han sido algunos de los principales defensores de Ucrania, proporcionando asistencia financiera y militar. Su postura se basa en una clara comprensión estratégica: si no se detiene la agresión rusa en Ucrania, la seguridad de la región báltica podría verse amenazada directamente.

Lo que resulta especialmente preocupante es la creciente intensidad de los discursos sobre la posible «liberación» de Narva (Estonia), con los que se pone a prueba la unidad y la determinación de la OTAN. Esta retórica es alarmante, ya que recuerda a los patrones observados antes de la anexión rusa de Crimea en 2014, cuando se utilizaron narrativas informativas para allanar el terreno para acciones políticas y militares.

Los países bálticos han restringido considerablemente los canales de medios estatales rusos por su papel en la difusión de desinformación. Sin embargo, esto no ha eliminado la amenaza. El principal escenario se ha trasladado a Internet y a las redes sociales, que ahora se utilizan como instrumentos principales para difundir desinformación, amplificar el descontento y cuestionar las políticas bálticas destinadas a fortalecer la defensa, la resiliencia y el apoyo a Ucrania.

En términos más generales, las operaciones de información rusas buscan explotar cualquier división social, política o cultural dentro de las sociedades bálticas. Para ello, se utilizan influencers, bots, trolls y redes de intermediarios con el fin de aumentar la desconfianza, polarizar el debate y debilitar la confianza en las instituciones estatales. El objetivo no es necesariamente persuadir a toda la sociedad, sino erosionar la cohesión, crear incertidumbre y complicar la adopción de decisiones en tiempos de crisis.

No obstante, esto no implica que las capacidades tradicionales hayan quedado obsoletas. La defensa aérea, los vehículos blindados, la artillería y otros sistemas convencionales siguen siendo fundamentales. La clave no está en la sustitución, sino en la integración. Los drones y los sistemas autónomos deben integrarse en una estructura de fuerzas más amplia que siga pudiendo resistir ataques aéreos, proteger activos críticos y contrarrestar las plataformas más sofisticadas del enemigo.

Para los pequeños estados, la cantidad también importa; a menudo, la cantidad de sistemas más pequeños, económicos y distribuidos puede contribuir significativamente a la defensa. Sin embargo, este enfoque solo funciona si dichos Estados también pueden defenderse de ataques aéreos masivos y mantener sus sistemas en tiempos de guerra. La adquisición es solo una parte del problema; la resiliencia, las reservas, el mantenimiento, la formación y la sustitución en tiempos de guerra son igualmente importantes.

En términos más generales, la planificación de la defensa y el entrenamiento militar de los pequeños estados deben reflejar sus condiciones específicas: mano de obra limitada, recursos limitados, profundidad estratégica restringida y dependencia del apoyo aliado. Las lecciones aprendidas de aliados más grandes y capaces son valiosas, pero no se pueden copiar sin más. Los pequeños estados necesitan diseños de fuerzas armadas que se ajusten a su propia geografía, recursos, capacidad industrial y requisitos de sostenimiento en tiempos de guerra.

MF- Los Estados bálticos han fortalecido considerablemente su cooperación militar con los países nórdicos y Polonia. En tu opinión, ¿En qué medida está integrada actualmente dicha cooperación? ¿Qué medidas restan por adoptar para que funcione plenamente en caso de que Rusia lanzara un ataque simultáneo en toda la región?

GC- mi opinión, la cooperación entre los Estados bálticos, los países nórdicos y Polonia se basa en una comprensión compartida del entorno de amenazas. Cada vez se reconoce más que una agresión contra una parte de la región tendría graves consecuencias inevitables para el resto. En este sentido, la seguridad regional se entiende cada vez más como indivisible.

Estos Estados comparten una percepción similar de las amenazas y una clara comprensión de la importancia de Estados Unidos para la defensa regional. Su enfoque sigue centrado en la defensa nacional integral y el desarrollo de capacidades internas. La lógica estratégica de la cooperación está ahí, pero la coordinación práctica aún está rezagada. En otras palabras, hay una amplia concienciación, pero la acción conjunta sigue siendo más limitada de lo que debería.

Uno de los desafíos es que la cooperación regional más profunda sigue encontrándose con limitaciones político-estratégicas y culturales. Los Estados nórdicos suelen considerarse un espacio estratégico y político diferente, separado de los Estados bálticos y Polonia. Polonia, por su parte, no solo se considera parte de una agrupación regional, sino también una potencia significativa con sus propias prioridades y ambiciones estratégicas. Para desarrollar una cooperación más efectiva, estos países deben invertir en construir una identidad regional más sólida y compartida a lo largo del tiempo.

Un segundo desafío es la necesidad de una cooperación mucho más práctica en materia de defensa y seguridad. La geografía es crucial en este sentido. El mar Báltico es fundamental para la región, pero también puede dificultar la cooperación, ya que la atención militar tiende a centrarse en el ámbito naval. Como resultado, todavía existe una falta de integración en la planificación de la defensa terrestre, aérea, logística, de protección de infraestructuras y de refuerzos en toda la región.

Por esta razón, creo que la planificación de la defensa de la OTAN también debería revisarse para que la región funcione como un espacio estratégico integrado en caso de agresión. La cuestión no es si los Estados comprenden la amenaza, que la comprenden. La cuestión es si ese entendimiento puede traducirse en una coordinación más sistemática, una planificación conjunta y una preparación operativa a nivel regional.

MF- Has escrito sobre la resiliencia social y la defensa total. ¿Cómo han cambiado los modelos de resiliencia en Estonia, Letonia y Lituania desde el inicio de la guerra en Ucrania? ¿Qué lecciones podría aprender Letonia de Lituania?

GC- Debo ser cauteloso, ya que no he estudiado la defensa total y la resiliencia de forma comparativa y sistemática en los tres países bálticos. Mis colegas de Estonia y Letonia han realizado análisis más exhaustivos y específicos para cada país. Sin embargo, existen algunas tendencias regionales comunes.

En los últimos años, los tres países han puesto mayor énfasis en la defensa total. Esto se evidencia en la ampliación o restablecimiento del servicio militar obligatorio, una mayor atención a la preparación de las reservas, una mejor coordinación institucional y una mayor participación social. Ahora se reconoce mucho más claramente que la defensa no es solo una responsabilidad militar, sino un asunto que concierne a todas las principales instituciones estatales y a la sociedad en su conjunto. Paralelamente, la resiliencia se ha convertido en una dimensión cada vez más importante de la política de defensa y seguridad, desarrollándose junto con la defensa colectiva y no en sustitución de esta.

Al mismo tiempo, las condiciones a las que se enfrentan estos tres estados no son idénticas. Sus desafíos difieren debido a la geografía, la demografía y las vulnerabilidades nacionales específicas. Aun así, existe un amplio margen para una mayor coordinación entre ellos. El intercambio de experiencias prácticas en la gestión de la resiliencia, la mejora de la coordinación de los sistemas de evacuación, el desarrollo de mecanismos de apoyo mutuo y de intercambio de recursos en situaciones de emergencia y la realización de ejercicios conjuntos con organizaciones paramilitares y de voluntarios son áreas en las que una cooperación más estrecha podría reportar beneficios significativos.

MF- Fuiste asesor directo del ministro de Defensa de Lituania entre 2024 y 2025. ¿Cómo está afectando la «guerra prolongada» en Ucrania a la planificación de la defensa a largo plazo de los Estados bálticos? ¿Has notado algún cambio en la opinión pública o en la de los políticos respecto a algún tema importante?

GC- El principal objetivo estratégico de Lituania es prevenir la guerra mediante una disuasión creíble. Esta disuasión se basa en tres pilares interconectados: el fortalecimiento de la resiliencia nacional, el desarrollo de las capacidades defensivas propias de Lituania, y la garantía de una mayor presencia aliada en su territorio y de una coordinación más estrecha con sus socios. La mayor parte de los esfuerzos actuales de defensa de Lituania se dirigen a estos objetivos.

Este enfoque es necesariamente amplio. Incluye la construcción de infraestructuras para las fuerzas armadas lituanas y aliadas, el fortalecimiento del apoyo del país anfitrión, la expansión de la capacidad de la industria de defensa, el fomento del servicio militar de la ciudadanía y el mantenimiento de una estrecha coordinación política y militar con los aliados en todos los niveles. El objetivo es claro: convencer a cualquier potencial agresor de que el coste de la agresión sería inaceptablemente alto y de que Lituania no permanecería impasible.

Lituania no busca la guerra. Al contrario, quiere evitarla y se está preparando para ello. No obstante, si la disuasión falla, Lituania está invirtiendo en las capacidades necesarias para defenderse junto con sus aliados y utilizar todos los medios convencionales disponibles para repeler la agresión. Esto incluye la inversión en la Línea de Defensa del Báltico, la cooperación con socios para la producción de municiones, el desarrollo de nuevas zonas de entrenamiento, una defensa aérea más sólida, drones y sistemas de defensa contra drones, nuevo equipamiento militar, mejores condiciones para el servicio militar profesional, la ampliación del servicio militar obligatorio y un mayor apoyo a la presencia de fuerzas aliadas.

Es importante destacar que existe un amplio consenso político y social en Lituania sobre la necesidad de fortalecer las capacidades defensivas. Si bien pueden existir desacuerdos sobre los instrumentos o las prioridades específicas, la necesidad de una defensa nacional más sólida y de una mayor integración con los aliados en el contexto de seguridad actual es ampliamente comprendida.

MF- De cara a 2030, con Rusia aún presente y China ganando influencia, ¿Cuál crees que será la posición estratégica de los países bálticos? ¿Deberían seguir siendo la «primera línea» de la OTAN o centrarse más en una Europa con capacidades propias de defensa?

GC- La respuesta es relativamente sencilla: los Estados bálticos seguirán siendo uno de los principales defensores de una relación transatlántica fuerte. Son muy conscientes de que la credibilidad y la eficacia de la OTAN dependen de la solidez del vínculo entre sus miembros norteamericanos y europeos.

Al mismo tiempo, seguirán instando a los aliados europeos a aumentar el gasto en defensa y a fortalecer sus capacidades militares. Desde su punto de vista, una mayor contribución europea no es una alternativa al vínculo transatlántico, sino una condición necesaria para garantizar su sostenibilidad a largo plazo. La distribución equitativa de la carga hace que la Alianza sea más creíble, equilibrada y capaz de responder a los crecientes desafíos de seguridad.

Cualquier debilitamiento grave del vínculo transatlántico crearía problemas estratégicos en ambos lados del Atlántico. Para Europa, esto suscitaría dudas sobre la disuasión y la defensa. Para Norteamérica, significaría tener un grupo de aliados menos capaces y menos coordinados en un entorno internacional cada vez más competitivo.

Por ello, en un mundo marcado por la creciente rivalidad geopolítica y el auge militar, económico y político de otras potencias, las alianzas sólidas y la estrecha coordinación política seguirán siendo esenciales. Para los Estados bálticos, la prioridad seguirá siendo clara: preservar la unidad transatlántica, fortalecer la OTAN y fomentar una mayor responsabilidad europea en materia de defensa dentro de la Alianza.

MF- Los países bálticos se unieron a la UE hace más de 20 años. ¿Cómo ha sido esa experiencia para Estonia, Letonia y Lituania en términos de seguridad y soberanía? Desde su perspectiva, ¿Cuál es la postura actual de los Estados bálticos respecto a la adhesión de Ucrania a la UE? ¿Cree que las enseñanzas extraídas de su propio proceso de adhesión les permiten apoyar a Ucrania?

GC- En general, la pertenencia a la UE ha sido un éxito para los Estados bálticos. Desde su ingreso en 2004, Estonia, Letonia y Lituania han experimentado un crecimiento económico sustancial, un aumento del nivel de vida y una integración mucho más profunda en el espacio político, económico y social de Europa.

Los beneficios han sido tanto materiales como estratégicos. La financiación de la UE ha apoyado el desarrollo de infraestructuras, la agricultura, el desarrollo regional y la modernización en los tres países. Esta financiación ha contribuido a mejorar carreteras, puertos, aeropuertos y otras conexiones esenciales. El apoyo europeo también ha sido fundamental para fortalecer la seguridad energética, mediante proyectos que han reducido la dependencia de los sistemas energéticos controlados por Rusia y han permitido a los Estados bálticos integrarse más estrechamente con Europa continental.

Desde que los Estados bálticos se unieron a la UE, su PIB per cápita se ha triplicado de media (ajustado a la inflación). La UE también ha aportado beneficios prácticos en momentos de crisis. Durante la pandemia de la COVID-19, por ejemplo, la acción conjunta europea contribuyó a garantizar el acceso a las vacunas y a coordinar respuestas más amplias. Las normas y la financiación medioambientales también han contribuido a un desarrollo más limpio, a una menor contaminación y a una mejor protección de la naturaleza. En este sentido, la pertenencia a la UE no solo ha mejorado la prosperidad, sino también la calidad de vida en general.

También es importante señalar que la pertenencia a la UE ha ampliado las oportunidades para las generaciones más jóvenes. Los estudiantes bálticos pueden estudiar en toda Europa, crear redes profesionales y académicas, y compartir conocimientos con sus países de origen. En términos más generales, la pertenencia a la UE ha abierto el mundo de formas que antes de la adhesión eran difíciles de imaginar.

También existe una dimensión política. Como miembros de la UE, los Estados bálticos tienen más peso a nivel internacional porque no solo actúan de forma individual, sino que también coordinan su acción con la de otros Estados miembros. Esto les otorga una mayor influencia en los asuntos europeos e internacionales que la que tendrían de forma individual.

Esa es una de las razones por las que los tres países bálticos apoyan firmemente la futura adhesión de Ucrania a la Unión Europea. Consideran que la ampliación es una necesidad geopolítica, pero también una oportunidad transformadora. Los países bálticos ya están compartiendo con Ucrania su experiencia, las lecciones aprendidas y consejos prácticos, pues conocen de primera mano la importancia que puede tener la pertenencia a la UE.