Manuel Férez- Muchas gracias por aceptar la entrevista. Para comenzar, me gustaría conocer tu biografía y trayectoria académica.
Stephan Rindlisbacher- Soy historiador especializado en historia euroasiática. He cursado estudios en varias universidades del continente europeo: la Universidad de Berna, la Universidad de Zagreb y la Universidad Estatal de San Petersburgo. Posteriormente, me gradué en Historia Moderna y Estudios Eslavos e Islámicos. Los temas principales de mi doctorado fueron el movimiento radical ruso prerrevolucionario y la cuestión de la violencia política. Hasta la fecha, he trabajado como asistente en el Departamento de Historia de las universidades de Berna y Basilea (Suiza). Actualmente, soy investigador en la Universidad Europea Viadrina de Fráncfort del Óder (Alemania). En mis proyectos actuales, me centro en la historia espacial de Kirguistán y en un proyecto llamado «El dinero en el socialismo». Gracias a una beca de la Fundación Nacional Suiza para la Ciencia, entre 2016 y 2020 realicé investigaciones de archivo en Armenia, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Rusia y Ucrania. El resultado de esta investigación es el libro Borders in Red. Managing Diversity in the Early Soviet Union, recientemente publicado.

MF- Justamente sobre Borders in Red es que quiero preguntarte. El libro se centra en la cuestión nacional y la delimitación interna de la URSS. ¿Podrías hablarnos un poco sobre su estructura y el objetivo general del libro?
SR- En él, exploro por qué Lenin y su gobierno bolchevique no solo aceptaron la cuestión de la nacionalidad después de 1917, sino que también la institucionalizaron como un medio viable de gobernanza. Finalmente, resolvieron esta cuestión concediendo un territorio distinto a cada comunidad nacional mayor. Sin embargo, uno de los principales desafíos fue cómo definir las fronteras entre «sus» territorios. Por ello, analizo la evolución de la delimitación de fronteras soviéticas para estudiar la transición de los bolcheviques del internacionalismo proletario al federalismo etnonacional en la década de 1920. Tras una introducción general, comparo cómo las instituciones del partido y del Estado abordaron las cuestiones fronterizas en las regiones centrales del federalismo soviético: Ucrania, el Cáucaso Sur y Asia Central. Así, el libro ofrece una perspectiva de los desafíos prácticos a la hora de formular políticas y de las raíces de los conflictos territoriales actuales.

MF- Los bolcheviques tuvieron que afrontar la contradicción entre su visión de una unión proletaria que trascendiera la nación y la religión y su organización administrativa interna, que abarcaba diversas naciones. ¿Qué argumentos esgrimieron para resolver esta contradicción entre discurso y acción política?
SR- Los bolcheviques eran plenamente conscientes de este dilema. Sin embargo, la mayoría no eran simples ideólogos. En general, Lenin se mostraba abierto al pragmatismo radical si la situación lo requería. La Nueva Política Económica, que reintrodujo elementos del libre mercado después de 1921, es el ejemplo más destacado. Lenin y sus camaradas vieron la necesidad de organizar su sistema político de manera que no alienara a la población y, al mismo tiempo, movilizara a las masas en pos de su proyecto transformador. Entre 1920 y 1921, aún no estaba claro si se debían priorizar las razones económicas o las nacional-etnográficas. Finalmente, la opción nacional prevaleció, ya que demostró ser mucho más eficaz para conectar el centro de Moscú con la población de las diferentes regiones. La dirección del partido consideró que el nacionalismo era la forma más eficaz de movilizar a las masas.
MF- Las fronteras establecidas por decisiones burocráticas tuvieron diversos efectos en Ucrania, el Cáucaso y Asia Central. ¿Cuáles fueron las consecuencias concretas de estas delimitaciones territoriales?
Permítanme compartir una anécdota importante de mi libro. Ilustra las implicaciones prácticas de las fronteras internas soviéticas. En el asentamiento de Milove/Chertkovo, dividido entre Ucrania y Rusia, la frontera perturbaba la vida cotidiana de sus habitantes. Seguía las vías del tren y cruzaba justo por la estación. El bazar local del lado ucraniano atraía a mucha gente. Durante un tiempo, las autoridades ucranianas pudieron recaudar todos los impuestos del mercado local. Posteriormente, las autoridades rusas redujeron los impuestos de su lado para atraer a clientes y vendedores. Finalmente, el mercado se instaló alrededor de las vías del tren. Un día, un tren atropelló a un cliente y le partió el cuerpo en dos. La cabeza cayó en la zona ucraniana y las piernas, en la rusa. Entonces se produjo una pelea entre policías de ambos lados, que discutieron ante la multitud enfurecida sobre quién debía hacerse cargo del cuerpo.
Este incidente fronterizo, ocurrido en 1926, demuestra la importancia que las cuestiones territoriales tienen para las distintas entidades burocráticas, así como para los clientes y vendedores del bazar local. No solo se disputaban la ubicación del bazar, sino también el control de la estación de tren. Huelga decir que ambos intentaron modificar la frontera a su favor. Las fronteras internas soviéticas eran muy importantes. Dividían los sistemas fiscales, los idiomas oficiales y el acceso a las propiedades e instituciones estatales. Además, tuvieron un enorme impacto en las oportunidades laborales.

MF- Los debates sobre las demarcaciones territoriales soviéticas involucraron a diversos actores. ¿Quiénes participaron en estos debates y decisiones? ¿Quiénes representaron los intereses y esperanzas de las naciones en dichos debates?
SR- La composición del conjunto de actores y su capacidad de acción dependían del contexto. En los casos de Rusia y Ucrania, así como en Asia Central, los políticos de nivel medio de las repúblicas soviéticas y los «expertos» fueron actores clave en las negociaciones. En la primera región, los expertos tenían mayor influencia, mientras que en la segunda eran los políticos los que la tenían. En ambas regiones, los participantes a menudo se basaron en las fronteras administrativas prerrevolucionarias para el ajuste territorial. Las autoridades estatales y del partido supervisaron el proceso e intervinieron solo cuando lo consideraron necesario. Finalmente, los actores locales podían intervenir si no estaban satisfechos con la nueva frontera propuesta. En ciertos casos, sobre todo cuando se trataba del uso de recursos locales como campos, ríos y bosques, pudieron presionar con éxito para que se revisaran.
En el Cáucaso Sur, en cambio, las autoridades del partido solo definieron la territorialización a gran escala de Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Por ejemplo, en 1921 anexionaron la provincia de Nagorno-Karabaj a Azerbaiyán y la de Zangezur a Armenia. Sin embargo, se abstuvieron de realizar cualquier ajuste territorial. En un minucioso proceso, los políticos republicanos y los topógrafos intentaron definir las nuevas fronteras sobre el terreno, pero a menudo fracasaron. Por este motivo, hasta la fecha, las fronteras entre las tres repúblicas suelen estar mal delimitadas.

MF- El revisionismo ruso actual (Putin) tiene un discurso contundente contra las políticas nacionales soviéticas; el caso de Ucrania es claro. En tu libro, argumentas que esas delimitaciones no fueron arbitrarias, sino que obedecían a una lógica. ¿Podrías hablarnos de Crimea y el este de Ucrania desde esta perspectiva?
SR- En primer lugar, echemos un vistazo a Crimea en 1954. Muchos periodistas e incluso investigadores dan por hecho que fue un «regalo» a Ucrania por parte del entonces primer secretario, Nikita Jrushchov. En mi libro demuestro que los «regalos» territoriales no eran una categoría del pensamiento espacial soviético. La transferencia de Crimea de la RSFSR a Ucrania obedeció principalmente a una lógica económica: la construcción del canal del norte de Crimea. El objetivo era facilitar la agricultura a gran escala en un clima árido. Un megaproyecto de este tipo era más fácil de llevar a cabo con una sola república que con la cooperación de dos. La composición nacional de la península era una preocupación secundaria en este caso.
Lo contrario ocurrió en 1924, cuando las regiones de las ciudades de Taganrog y Shajty pasaron de Ucrania a la RSFSR. En este caso, los políticos y expertos regionales rusos presionaron en Moscú a favor de estos territorios, ya que Shajty era un centro minero de carbón y Taganrog funcionaba como puerto en el mar de Azov. Los políticos ucranianos replicaron que en esos territorios la población era mayoritariamente ucraniana. Sin embargo, los responsables políticos en Moscú siguieron la primera línea de argumentos y, por lo tanto, ignoraron el factor nacional.
MF- Asia Central, una región que ha recibido poca atención en América Latina, ha experimentado y sigue experimentando conflictos derivados de las políticas soviéticas de demarcación territorial. Cuéntanos algo sobre estos conflictos.
SR- En la década de 1920, las distinciones entre poblaciones sedentarias y nómadas fueron fundamentales para definir la pertenencia nacional en Asia Central. Moscú promovió la idea de una delimitación nacional a principios de 1924. Sin embargo, la dirección del partido y del Estado no estableció los detalles. Una comisión de bolcheviques indígenas se reunió en la capital administrativa, Tashkent, y decidió las futuras fronteras de las repúblicas nacionales, como Uzbekistán o Turkmenistán. Estos bolcheviques indígenas se dividieron en dos bandos rivales: uno a favor de una delimitación nacional y otro en contra de la propia idea. Durante sus reuniones, no tanto discutían sobre las futuras fronteras, sino sobre cómo definir las categorías de nacionalidad. Con el apoyo de Moscú, la facción a favor de la delimitación nacional finalmente prevaleció. Esta desintegración de sociedades antaño interconectadas es uno de los factores de los conflictos actuales. Por ejemplo, Kirguistán y Tayikistán libraron una breve guerra en 2022 por cuestiones como el acceso a ríos y manantiales en el valle de Fergana.

MF- El Cáucaso es una región de gran diversidad étnica y religiosa, lo que ha dado lugar a diversas naciones que aún reclaman territorios que consideran propios. Un ejemplo es Nagorno-Karabaj, mientras que Abjasia y Osetia del Sur son otros. Describe estos conflictos nacionales/territoriales desde la perspectiva de tu libro.
SR- Si bien en mi libro no analizo directamente los conflictos de las antiguas regiones autónomas. Estos han sido estudiados bastante bien en otros lugares. Lo que explico es cómo se establecieron las fronteras entre Armenia y Azerbaiyán, o más bien cómo este proceso se estancó y fracasó. En primer lugar, las zonas en cuestión estaban pobladas por comunidades campesinas armenias asentadas y por comunidades turcas de pastores itinerantes. En segundo lugar, a diferencia de lo ocurrido en el caso de Ucrania y Asia Central, los políticos y expertos no podían recurrir a las fronteras administrativas de la época imperial. En el contexto soviético inicial, la administración de cada república otorgaba el derecho de utilizar ciertos pastos y campos, y tendía a priorizar a sus propios habitantes. Los conflictos estallaron cuando estas comunidades, apoyadas por sus administraciones republicanas, comenzaron a cuestionar la pertenencia territorial de la región fronteriza.

MF- A la luz de la dinámica rusa actual, tu libro, disponible de forma gratuita en el sitio web de la Universidad de Cornell, es importante. ¿Qué te gustaría transmitir a los estudiantes y académicos latinoamericanos sobre la importancia de comprender este proceso histórico en el contexto actual?
SR- Los casos que analizo en él les permiten comprender por qué la nacionalidad ha sido un componente clave para la estatalidad en Eurasia desde, al menos, el final de la Primera Guerra Mundial. Aprenderán por qué los políticos y los expertos percibieron el nacionalismo como una herramienta viable para el gobierno moderno. Además, podrán entender por qué poblaciones que antes se consideraban indiferentes al nacionalismo comenzaron a adoptar estos marcos como estrategia para defender sus intereses cotidianos.
Sin embargo, mi libro también tiene claras limitaciones. Ofrece una historia basada en fuentes sobre el nacionalismo, la estatalidad y la modernización en el «corto siglo XX». En la actualidad, con las guerras en Ucrania, entre Armenia y Azerbaiyán, así como entre Kirguistán y Tayikistán, las lógicas subyacentes cambian con frecuencia. El caso de Ucrania, por ejemplo, puede verse como parte de un fenómeno global en el que, como antes de 1914, las políticas imperialistas expansionistas afirman sus reclamaciones territoriales, de población y de recursos por la fuerza bruta.
