Aivali: una historia sobre turcos y griegos en 1922

por | Dic 29, 2025 | Entrevistas, Portada | 0 Comentarios

La novela está ambientada en la ciudad costera de Ayvalık, en Turquía, conocida en griego como Aivali o Kydonies, situada enfrente de la isla griega de Lesbos. Hasta 1922, la ciudad estuvo habitada exclusivamente por griegos. Tras el Tratado de Lausana, las casas vacías de los refugiados cristianos griegos fueron ocupadas por refugiados turcos musulmanes, principalmente de Creta. Consideré la salida de un grupo de refugiados y la llegada de otro como una condición única para contar una historia centrada en la gente común, las verdaderas víctimas de la guerra.

Manuel FérezMuchas gracias por tu tiempo, Soloup. Para comenzar la entrevista, me gustaría saber más sobre tu trayectoria.

Antonis Nikolopoulos- Me llamo Antonis Nikolopoulos, pero firmo mis dibujos con el seudónimo Soloup. Llevo más de 35 años trabajando como caricaturista político en periódicos griegos y, al mismo tiempo, creo mis propios cómics. Estudié Ciencias Políticas y tengo un doctorado en Comunicación Cultural. Mi tesis doctoral se centra en la semiótica de la narrativa visual y la historia del cómic griego. Aunque he publicado cómics, álbumes de dibujos animados, tiras cómicas e ilustraciones, desde 2014, cuando se publicó Aivali, he trabajado sistemáticamente en novelas gráficas de gran formato. Estos proyectos requieren una investigación exhaustiva, un estudio minucioso y la consulta de literatura académica relevante.

Antonis Nikopoulos (Soloup)

MF- Como mencionas eres el autor de la novela gráfica Aivali. ¿Podrías hablarnos del contexto geográfico, demográfico e histórico en el que se desarrolla la historia?

AN- La novela aborda un período muy difícil en las relaciones greco-turcas. Se centra en la guerra que tuvo lugar entre 1919 y 1922, tras el final de la Primera Guerra Mundial y de las guerras de los Balcanes. El desenlace fue trágico para el bando griego y supuso un punto de inflexión en la historia moderna de Grecia. A este acontecimiento se le suele llamar «catástrofe». Las fuerzas griegas fueron derrotadas por el ejército de Kemal Atatürk y la población griega (tanto soldados como civiles cristianos que habían vivido durante siglos en la costa de Asia Menor) fue literalmente arrojada al mar.

Al mismo tiempo, esta victoria turca, aunque extremadamente violenta, sentó las bases del Estado turco moderno. Durante ese período, Grecia tenía una población de unos seis millones de habitantes, mientras que Turquía tenía alrededor de trece millones.

La novela está ambientada en la ciudad costera de Ayvalık, en Turquía, conocida en griego como Aivali o Kydonies, situada enfrente de la isla griega de Lesbos. Hasta 1922, la ciudad estuvo habitada exclusivamente por griegos. Tras el Tratado de Lausana, las casas vacías de los refugiados cristianos griegos fueron ocupadas por refugiados turcos musulmanes, principalmente de Creta.

Consideré la salida de un grupo de refugiados y la llegada de otro como una condición única para contar una historia centrada en la gente común, las verdaderas víctimas de la guerra.

MF- En 1922, griegos y turcos otomanos fueron forzados al exilio como parte de un intercambio de población. ¿Podrías hablarnos más ampliamente de este intercambio?

AN- El intercambio de población que siguió al final de la guerra se estableció oficialmente mediante el Tratado de Lausana, firmado en Suiza en 1923, y se implementó principalmente en 1924. Además de Grecia y Turquía, otros países como Francia, el Reino Unido, Italia y Japón participaron en las negociaciones.

Estas difíciles negociaciones duraron casi ocho meses y determinaron tanto las nuevas fronteras como los detalles del intercambio de población. En total, alrededor de 1,2 millones de griegos fueron reubicados —muchos de los cuales ya se habían visto obligados a huir violentamente de sus hogares—, así como unos 400 000 turcos desde territorios griegos, como Macedonia, las islas griegas y Creta.

El criterio clave para el intercambio no fue la nacionalidad, sino la religión: cristianos ortodoxos y musulmanes. El Tratado de Lausana es importante desde el punto de vista histórico porque fue el primer acuerdo moderno que formalizó expulsiones masivas e intercambios de población. Este modelo se utilizó posteriormente en otras partes del mundo, por ejemplo, entre Alemania y Polonia después de la Segunda Guerra Mundial y entre la India y Pakistán.

MF- ¿Cómo se refleja esto en la novela gráfica? Describe algunos de los personajes griegos y turcos que mueven la trama.

AN- En Aivali se presenta la experiencia de los refugiados desde las perspectivas griega y turca. Esa es una de las características distintivas del libro. No hay una sola perspectiva, sino dos opuestas, ambas narradas desde la perspectiva de personas comunes que experimentaron el desplazamiento.

El libro incluye cuatro historias paralelas: tres griegas y una turca, que reflejan la proporción real de la población desplazada. Cada personaje comparte una experiencia profundamente personal. Estas historias se basan en textos de cuatro autores: Elías Venezis, Fotis Kontoglou, Agapi Venezis Molyviati y Ahmet Yorulmaz, todos ellos nacidos en Ayvalık, antes o después de la guerra. Yorulmaz pertenece a la segunda generación de refugiados y describe la experiencia de sus padres, que se vieron obligados a abandonar La Canea, en Creta, en virtud del Tratado de Lausana.

Aunque se trata de textos literarios, contienen fuertes elementos de testimonio personal. Además, el primer y el último capítulo presentan a dos personajes contemporáneos, un griego y un turco, ambos descendientes de refugiados de tercera generación. Cien años después, hablan con comprensión sobre sus historias familiares, habiendo crecido en narrativas nacionales diferentes y opuestas, cada una de las cuales presenta al «otro» como el enemigo responsable de la guerra.

MF- Los griegos guardan un recuerdo trágico de los últimos momentos del Imperio otomano. ¿Cómo encaja tu novela en este proceso de rememoración?

AN- Para los griegos, este período fue, sin duda, profundamente traumático. Fueron los principales perdedores de la guerra, con miles de muertos y refugiados. De hecho, hoy en día, alrededor de un tercio de la población griega tiene al menos un antepasado refugiado de lo que hoy es Turquía. Esto hace que el tema sea extremadamente sensible en la memoria colectiva.

En Turquía, el recuerdo es diferente. Las poblaciones intercambiadas representaban un porcentaje mucho menor de la población total y la guerra está estrechamente relacionada con la fundación del Estado turco moderno. Sin embargo, incluso hoy, cuando los descendientes griegos y turcos de refugiados se encuentran, a menudo comparten una extraña pero poderosa sensación de comprensión mutua, una especie de vínculo traumático.

Esta relación especial se describe en Ayvalık como «los nietos de Lausana». Creo que estos descendientes, de ambos lados, podrían convertirse en un ejemplo de reconciliación y entendimiento entre ambos pueblos, un modelo que podría aplicarse a otras regiones marcadas por la guerra, los conflictos y las divisiones culturales o religiosas.

MF- Las novelas gráficas son cada vez más populares para explicar procesos históricos. ¿Qué ventajas crees que tiene la novela gráfica en la actualidad?

AN- Vivimos en una era dominada por las imágenes: en internet, en los teléfonos móviles, en la televisión y en la comunicación cotidiana. El cómic y la novela gráfica combinan texto e imágenes, y como describo en mi tesis doctoral, pueden funcionar como una especie de «caballo de Troya» para el discurso escrito en un mundo visual.

Este formato resulta especialmente familiar para los jóvenes y se puede utilizar fácilmente en la educación en todos los niveles. A través de Aivali, he impartido talleres de cómic en escuelas primarias, secundarias, universidades y programas de posgrado. Esta experiencia también se refleja en mi segundo libro teórico sobre el cómic, que se centra específicamente en su uso educativo.

MF- La actual crisis migratoria en el Mediterráneo está conectada con la historia que narras en Aivali. ¿De qué manera puede la lectura de Aivali inspirar la reflexión sobre la situación actual?

AN- No fue casual que, en 2015, durante la reciente crisis de refugiados, las personas que huían de Asia a Europa cruzaran las mismas rutas a través de las islas griegas que los refugiados griegos habían utilizado cien años antes. Esto fue especialmente cierto en Lesbos, que se encuentra justo enfrente de Ayvalık y que desempeña un papel importante en Aivali.

Hubo innumerables historias de personas de Siria, Afganistán y África que arriesgaron sus vidas en el mar tras perder sus hogares y países. La trágica ironía es que en Lesbos fueron acogidos, a menudo con gran cuidado y empatía, por los descendientes de los refugiados griegos de 1922.

MF- ¿Cómo ha sido recibido Aivali en Grecia y entre su diáspora? ¿Qué les diría a los lectores de Latinoamérica para acercarse a tu novela gráfica?

AN- Aivali no fue publicado por una gran editorial ni se distribuyó a través de una red organizada. Sus traducciones al inglés, francés, turco y español se deben principalmente a la dedicación y el cariño de personas, a menudo sus traductores, que creyeron en el libro y sus historias.

Durante los once años transcurridos desde su primera publicación en Grecia, se ha difundido principalmente de boca en boca. Podríamos decir que es un libro de crecimiento lento, pero con un impacto constante y duradero. Es muy apreciado no solo por los griegos, sino también por los turcos y lectores de diversas nacionalidades.

Las historias personales del libro —las de mis abuelos y las de los cuatro autores mencionados— no provienen de bandos opuestos, sino del mismo: el de la gente común que se convierte en víctima de la guerra y de intereses políticos más amplios. La gente común nunca se beneficia de la guerra. Siempre sufre, sea cual sea la nación, religión o Estado que salga victorioso.

Por esta razón, Aivali no se limita a griegos y turcos. Se dirige a personas de todo el mundo: Latinoamérica, Canadá, China, Rusia, Europa y África. Reflexiona sobre el sufrimiento de los civiles cuando estallan las guerras, el nacionalismo, el extremismo religioso y la intolerancia, fenómenos que, lamentablemente, siguen presentes en la actualidad. En definitiva, plantea qué futuro queremos y apuesta por la amistad, el diálogo y la comprensión.